martes, 1 de mayo de 2018

Barbas en remojo

Los barberos romanos

Imagen: http://arteume.livejournal.com/299837.html
El cuidado de la barba y el cabello de un romano corría a cargo del tonsor. Se trataba de un asunto al que se concedía suma importancia, hasta el punto de que un hombre con el cabello mal cortado caía en el más espantoso ridículo y era objeto de mofa. 
El romano que era lo bastante rico como para tener estos barberos-peluqueros entre el personal de servicio doméstico, se ponía en sus manos cada mañana y después nuevamente a lo largo del día en caso de que fuera necesario. Los que no podían costear los servicios de uno privado, acudían a diversas horas, con la frecuencia precisa, a una de las innumerables barberías o tonstrinae. Muchas de estas tiendas, abiertas desde el amanecer hasta la octava hora (más o menos la una de la tarde), estaban localizadas en las inmediaciones del Circo Máximo. Otra alternativa eran los barberos ambulantes que ofrecían sus servicios en la calle para los clientes más humildes. 
Llevar el rostro rasurado distinguía al hombre libre, pero hubo un tiempo en que incluso los esclavos se afeitaban. Para el adolescente, su primera primera visita al tonsor era una especie de rito de iniciación en la edad adulta, y a veces tenía lugar al mismo tiempo que la toma de la toga virilis. La ceremonia, celebrada normalmente al cumplir los 20 años, recibía el nombre de depositio barbae, e iba acompañada de una gran fiesta a la que se invitaba a todos los amigos. En la casa, el joven se sentaba en un taburete rodeado por sus servidores masculinos, le ataban un trapo al cuello y mojaban su rostro con agua. El tonsor lo afeitaba mientras uno de los sirvientes sujetaba un recipiente que contenía telarañas empapadas en aceite y vinagre para aplicar rápidamente a cualquier corte que pudiera producirse. Los pelos de la barba eran colocados en una arqueta especial para la ocasión. Después el tonsor la cerraba y la entregaba al orgulloso padre entre los vítores y aplausos de los invitados. 
Las fechas en las que los emperadores y sus parientes llevaban a cabo esta ceremonia, quedaban registradas. Augusto, por ejemplo, la celebró en septiembre del año 39 a. C. La primera barba era consagrada a algún dios o a un antepasado. Los más pobres la guardaban en un cofrecillo de vidrio o cualquier material asequible, pero Nerón utilizó un cofrecillo de oro que ofreció a Júpiter Capitolino. Para celebrar este aniversario de su mayoría de edad, el emperador instituyó las Juvenalia, en honor a Juventas, la diosa de la juventud
Claro que esto no siempre fue así. En tiempos remotos los romanos lucían barbas. Fue en el siglo III a. C. cuando algunos comenzaron a afeitarse, aunque la práctica no se generalizó hasta que Escipión el Africano lo puso de moda a comienzos del siglo II a. C. Más tarde el emperador Adriano volvía a imponer la barba, pues él la llevaba para ocultar las marcas de su cara. En realidad nunca habían desaparecido del todo: solían ser señal distintiva de los filósofos, y también de luto
La gente que se reunía en la tonstrina a lo largo del día era tan numerosa queestas tiendas eran al mismo tiempo un centro de cotilleo y de información, e incluso para medrar. Los clientes solían quedarse aún un buen rato después de que el tonsor hubiera terminado de atenderlos, simplemente por el placer de la conversación o por alguno de los intereses que allí se movían. 
El trabajo estaba tan bien remunerado que frecuentemente encontramos alusiones en las sátiras de Juvenal y los Epigramas de Marcial sobre el barbero que se ha convertido en eques o en rico propietario de tierras. No era un oficio reservado en exclusiva a los hombres; por el contrario, había tambiéntonstrices en el foro. El propio Marcial menciona a una mujer que ejercía el oficio de barbero, aunque no tenía buena reputación. 
Las barberías estaban rodeadas de bancos en los que se sentaban los clientes, que a veces se entretenían jugando a los dados. Había espejos en las paredes. En el centro, el taburete en el que se acomodaban para recibir el servicio deseado, con la ropa protegida por un simple paño. El barbero, rodeado por sus asistentes (circitores), cortaba el cabello, o si este no había crecido demasiado desde la última vez, simplemente lo peinaba según la última moda. 
En el siglo I a. C. los jóvenes comenzaron a lucir barbas complicadas con curiosas ornamentaciones, y en ocasiones aparecían trenzadas, para escándalo y diversión de los mayores. Para moldear el cabello y conseguir bucles se utilizaba un tubo de metal llamado calmistro, que se calentaba sobre brasas.
Durante el Imperio era el soberano quien imponía la moda, pero, a excepción de Nerón, que gustaba de peinados artísticos, la mayoría no parece haberse complicado mucho la existencia con los cuidados capilares. Augusto nunca concedía más que unos cuantos minutos apresurados a sus tonsores, y, a juzgar por las monedas y bustos, casi todos los demás siguieron su ejemplo. Por tanto, a comienzos del siglo II los romanos se contentaban con un corte de pelo sencillo.
Fue en tiempos de Adriano cuando se puso de moda que los hombres tiñeran de rubio su cabello, a veces para tapar las canas, algo que posteriormente el emperador Cómodo seguiría hasta el extremo. De él se cuenta que espolvoreaba la cabellera con oro molido.
Pero los barberos romanos no se ocupaban solo de barbas y cabellos, sino que también arreglaban las uñas, quitaban las verrugas y la cera de los oídos, depilaban cejas, practicaban masajes capilares y ofrecían servicios de pedicuro. A veces, incluso, el tonsor practicabaextracciones dentales —en un emplazamiento dentro del foro se excavaron más de cien dientes podridos—. Otras funciones eran aplicar tintes, echar perfumes, maquillar las mejillas y cubrir con lunares postizos (splenia lunata)pequeñas marcas de la piel
Los tonsores utilizaban navajas, o bien cuchillos bastante toscos y que afilaban con piedras. Después del afeitado solo se aplicaba agua, servida en aguamaniles de plata. Había multitud de demandas judiciales contra los barberos a causa de accidentes causados en el ejercicio de su profesión. Marcial recuerda a los transeúntes el peligro que un tensor puede entrañar: 
“Aquel que aún no quiera descender al mundo de los muertos, que evite al barbero Antíoco, si es inteligente… Estas cicatrices que podéis contar en mi barbilla, tantas como se ven en la cara de un púgil, no se produjeron boxeando, ni tampoco por las uñas de una esposa enfurecida, sino por la navaja y la mano asesina de Antíoco. La cabra es el único animal sensato: al conservar su barba, consigue vivir escapando a Antíoco”. 
Por esta razón muchos romanos preferían utilizar cremas depilatorias, o a veces pinzas, pero esto se consideraba afeminado.
Un asunto que preocupaba mucho a los romanos era la detestada calvicie, que percibían como un drama tremendo. Trataban de disimularla por todos los medios a su alcance con tintes oscuros o cruzándose el cabello de un lado a otro para tapar la calva central, creando con la filigrana peinados imposibles, como nos describe despiadadamente Marcial:
“Recoges tus escasos cabellos de aquí y de allí, Marino, y cubres el extenso campo de tu nítida calva con los pelos de tus sienes, pero, agitados por el viento, se levantan y vuelven y ciñen la cabeza desnuda con grandes rizos… Sería más sencillo que te confesaras viejo que aparecer así. No hay nada más feo que un calvo con pelo.”

Bibliografía:
Daily life in ancient Rome: the people and the city at the height of the Empire - Jérôme Carcopino
Conxa Pont – Revista Saguntina 2006
Life in Ancient Rome - Frank Richard Cowell
Greek and Roman Barbers - Frank W. Nicolson
ieslagunatollon.blogspot.com.es/2012/12/los-peinados-en-la-antigua-roma.html
clasicascheste.blogspot.com.es/2006/10/iuvenalia.html
The Ides: Caesar's Murder and the War for Rome - Stephen Dando-Collins
Histoire de la coquetterie masculine - Jean Claude Bologne

Las vestales eran bestiales

Las Vestales Romanas

Vesta, hija de Saturno y de Ops, era la diosa del hogar, venerada en Roma desde la antigüedad más remota y versión romana de la griega Hestia. Al principio se le rendía culto con carácter privado, dentro de la casa. Por ejemplo, cada comida comenzaba y terminaba con una ofrenda a Vesta consistente normalmente en el primero y el último sorbo de vino; pero con el tiempo fue adorada a nivel estatal, una transformación que se atribuye a Numa Pompilio.
A pesar de haber sido cortejada por Apolo y Neptuno, Vesta era célebre por su castidad. Príapo trató de violarla una noche mientras dormía, pero el rebuzno del asno de Sileno la despertó en esos momentos, y pudo así preservar su virginidad. A partir de entonces el animal permaneció asociado a la diosa. El asno aludía al trabajo en el molino, y por tanto al pan, símbolo hogareño. 
Vesta era representada en forma de hermosa mujer que porta una antorcha en una mano y un cuenco votivo en la otra. Lleva un velo, y a veces una diadema. También puede sostener el Paladio, una primitiva estatua de Atenea (Minerva) que Eneas había traído de Troya y se conservaba en el santuario. A veces aparece en compañía de otros dioses, principalmente los Lares protectores del hogar, que empezaron a representarse en el siglo II a. C.
Sus sacerdotisas eran las vírgenes vestales, encargadas de mantener encendido el fuego sagrado en el foro, símbolo de la seguridad y la prosperidad de Roma. Horacio decía que mientras subiera al Capitolio el Pontifex Maximus acompañado de “la Vestal silenciosa”, Roma mantendría su gloria, de modo que cada primero de marzo, con el comienzo del año, se renovaba la ceremonia hasta que el emperador Teodosio clausuró el templo a finales del siglo IV. 
Las vestales llevaban a cabo los rituales relacionados con la diosa y cocían el sagrado pastel de harina, miel y sal (mola salsa), que no era comestible, sino que formaba parte de las ceremonias. Curiosamente, a pesar de representar la virginidad y la castidad, las vestales participaban también en ritos agrícolas y de fertilidad. Ponían espigas de almidonero en los cestos de los campesinos encargados de la recolección, y ellas mismas las trituraban y molían para elaborar la mola salsa. Con esa misma harina se uncía a los animales destinados a ser sacrificados a los dioses. Otra de sus tareas era la purificación de la tierra del templo, que regaban con agua extraída de la fuente de la ninfa Egeria. El agua se transportaba en una vasija llamada futile, cuya forma de boca ancha y base puntiaguda impedía que se depositase en el suelo. Además las vestales custodiaban las reliquias y documentos privados cuyo secreto era importante preservar, como era el caso de testamentos o cartas. Entre las reliquias a custodiar estaba la estatua de Minerva, de cuya integridad se suponía que dependía la continuidad del Imperio; el alfiler de la madre de los dioses, el velo de Iliona, las cenizas de Orestes o el cetro de Príamo.
Desde el siglo VI a. C. hasta finales del siglo IV, las sacerdotisas de Vesta vivían juntas en la Casa de las Vírgenes Vestales (Atrium Vestae), situada detrás del templo de Vesta, entre la colina Palatina y la residencia de los reyes de Roma. 
La más importante de las vestales era la mayor de todas ellas, llamada Virgo Vestalis Maxima. Se cree que en un principio la esposa y las hijas del rey se ocupaban del culto a la diosa, hasta que Roma se convirtió en una república. Durante la época del Imperio, la diosa Vesta adquirió una gran importancia como diosa nacional. Augusto le erigió un templo e incluía a las vestales en las ceremonias más importantes, y Calígula acuñó monedas con la efigie de la diosa mientras hacía entrar a sus propias hermanas a su servicio. Vesta del Palatino también aparecerá en las monedas de Trajano. En Hispania, sin embargo, su culto tuvo escasa difusión.
Las vestales eran las únicas sacerdotisas de la religión romana. Según la leyenda, fue Eneas quien designó personalmente a las primeras. Su número osciló: en un principio fueron dos, según Plutarco; luego cuatro en tiempos de Servio Tulio y finalmente seis, si bien parece que hubo un tiempo en el que podrían haber llegado a siete. El Pontifex Maximus las elegía entre las veinte niñas más perfectas de Roma. No podían ser sordas o tartamudas; debían estar libres de defectos físicos y mentales, ser hijas de familias patricias y de una edad comprendida entre los seis y los diez años. Posteriormente se amplió la posibilidad de elección hacia niñas cuyo padre ejerciera una profesión honrada.No se tenía en cuenta la opinión de la familia a la hora de elegir una vestal, y la ceremonia podía llevarse a cabo incluso con la oposición paterna, aunque muchas veces los personajes importantes procuraban utilizar su influencia para que sus hijas no fueran elegidas. En otras ocasiones, por el contrario, lo consideraban un gran honor.
La elección se producía cuando había una vacante. El Pontifex Maximus pronunciaba las palabras “Te tomo a ti, amada, para que seas una sacerdotisa de Vesta, a fin de celebrar los ritos sagrados que la regla prescribe a las vestales en nombre del pueblo romano y los Quirites, como candidata elegida según la más pura de las leyes”. Entonces la niña eraconducida de la mano hasta la que sería su residencia en adelante.
Pero cuando una vestal moría, el proceso de selección no era igual. No tenían que ser niñas, ni siquiera vírgenes. Podían ser viudas jóvenes, o incluso divorciadas, aunque no era esta una circunstancia considerada ideal, y solía considerarse que traía mala suerte. Las candidatas se presentaban en el alojamiento de la Vestal Maxima para selección de las más virtuosas.
Una vestal servía a la diosa durante un periodo de treinta años, de los cuales los diez primeros eran de noviciado, los diez siguientes eran propiamente una virgen vestal y durante los últimos años tutelaba a las más jóvenes. Al cabo de ese tiempo eran liberadas de su voto de castidad, recibían dote y se les permitía casarse. El Pontifex Maximus se encargaba de encontrarles esposo entre los nobles romanos, y para el hombre era un honor extraordinario casarse con una antigua vestal, un acontecimiento que, además, se consideraba que traía buena suerte. Pero no era esta una opción, sin embargo, preferida por la mayoría de ellas, que optaban, en cambio por seguir disfrutando de sus lujos y comodidades como hasta entonces. 
Vestales decidiendo la suerte de un gladiador
Las vestales eran muy influyentes dentro de la sociedad romana, y disfrutaban de privilegios que no tenían las demás mujeres. No estaban sujetas a la patria potestad; podían ser propietarias, disponer de sus bienes y redactar testamento; participaban en sacrificios rituales, caminaban escoltadas por lictores y los magistrados les cedían el paso; se las invitaba a banquetes y tenían asientos especiales en primera fila para ver los juegos. Además su veredicto era decisivo a la hora de resolver acerca de la salvación o condena de los gladiadores caídos. Se las respetaba y reverenciaba de tal modo quebastaba que un condenado se encontrara con una de ellas de camino a su ejecución para que le fuera perdonado su crimen. Se les atribuían, incluso,poderes mágicos. Plinio el Viejo, en su Historia Natural, nos habla de ello al tratar el tema de la magia:
“En la actualidad es comúnmente aceptado que nuestras vírgenes vestales tienen el poder de detener la huida de un esclavo con solo pronunciar cierta oración”.
Pero si una de ellas infringía sus votos, el castigo era durísimo. En tiempos de Numa Pompilio la vestal era condenada a la pena de lapidación. Más adelante, con Tarquinio, el suplicio fue mucho más cruel: después dedespojarla de sus símbolos y vestiduras, la maniataban y la cubrían con un sudario para colocarla en una litera y llevarla en procesión por el Forosimulando una ceremonia fúnebre. Al llegar al Campus Sceleratus, el Pontifex Maximus pronunciaba una plegaria. Entonces se abría una lápida, se hacía a la vestal descender por una escalera y, una vez en el interior, la cripta se sellaba y se cubría de tierra, quedando así la mujer enterrada viva. Para que su muerte fuera más lenta, le dejaban agua y comida, además de una lámpara y un lecho. Se suponía que, de ese modo, Vesta podría rescatar a la vestal en el caso de que fuera inocente. Afortunadamente estas ejecuciones eran infrecuentes: solo hubo 22 casos en más de mil años.
El templo era de forma circular, como las antiguas cabañas del Lacio; yblanco, igual que sus túnicas de fino lino, símbolo de la pureza y la virginidad. La vestimenta completa consistía en una tunica interior o subucula, en contacto con la piel y que cubría hasta las rodillas. Sobre la túnica las vestales vestían una stola, prenda plisada y larga hasta los pies. Adornaba sus ropas un borde púrpura, y un cordón, strophium, sujetaba el busto por fuera del vestido. Cuando salían, llevaban una especie de manto o chal llamado palla. El cabello, recogido en seis trenzas alrededor de la cabeza, era adornado con una cinta llamada vitta, uno de sus distintivos, y de la que eran despojadas cuando incumplían sus votos.
Entre los días 7 y 15 de junio se celebraban las fiestas llamadas Vestalias, y en ese día se coronaba a un asno con flores y se le eximía del trabajo. Las madres romanas tenían acceso al templo durante esas fechas. Las matronas seguían, descalzas, a las vestales, cantando alabanzas a la diosa.

Los romanos eran gente de costumbres

Costumbres de los romanos

Casa romana 
En toda familia romana mandaba el cabeza de familia o paterfamilias. La mujer o matrona, aunque no desempeñaba cargos públicos, regía el hogar y era tenida en consideración junto a su esposo. Los niños, hasta la pubertad, se educaban juntos. Luego las niñas se dedicaban al hogar y se casaban muy pronto —a los 14 años ya se las consideraba adultas—, mientras que los niños se consagraban al estudio y a las armas.
La casa romana, de uno o dos pisos, era muy sobria hacia el exterior y se articulaba alrededor de uno o dos patios interiores en uno de los cuales había un pequeño estanque. A este patio daban las habitaciones y el salón comedor.

Casa romana
Las comidas romanas principales —más propiamente cenas— se hacían al atardecer, tumbados los comensales alrededor de la mesa. Se comía con los dedos y, para los platos con salsa, se usaban como cucharas trozos de pan que luego se arrojaban a los animales.
El pan no tenía levadura, ya que ésta no se usó hasta el siglo IV. Se trataba en realidad de unas tortas de trigo, antecedentes de las actuales pizzas. La comida de los soldados se componía de tortas de ese estilo con queso y panceta. El pan era el alimento más común. Sólo los nabos rivalizaban con él en popularidad.
El vino se tomaba siempre aguado, generalmente caliente, mezclado con miel e incluso con resina.
El plato más codiciado era el pescado. Los romanos que podían permitírselo eran grandes comilones, y la costumbre de vomitar para volver a comer estaba muy extendida.
Triclinio
En cuanto al vestido, los romanos eran muy monótonos, y cualquier novedad era muy comentada. El vestido consistía en una túnica —hasta las rodillas en los hombres y hasta los pies en las mujeres— y una toga, gruesa en invierno y fina en verano. El único color admitido era el blanco, que se blanqueaba con vapores de azufre. Sólo los magistrados y los sacerdotes podían usar franjas de púrpura. También los muchachos, porque los romanos les atribuían carácter sagrado.
En lo que respecta al calzado, la calidad del material empleado marcaba la categoría de clase.
Vestimenta romana
Hasta el siglo III a. C. los hombres llevaron barba. Luego, la familia de los Escipiones, que imitaba todo lo griego, impuso la moda del afeitado, costumbre que en Grecia había iniciado Alejandro Magno. El emperador Adriano, que tenía una mancha en la cara, volvió a poner de moda la barba en el siglo II d. C.
Las mujeres coqueteaban con el pelo. Aquí era la esposa del emperador quien marcaba la pauta. Como la moda evolucionaba, existen muchos bustos de mujeres en los que el cabello está hecho de otra pieza, para poder sustituirlo en cualquier momento. Teñirse el pelo era frecuente —sobre todo de pelirrojo—; pero los colores más llamativos, como el rubio y el azul, sólo los usaban las cortesanas.
La calvicie se consideraba un deshonor, así que se recurría a pelucas y postizos, a echarse todo el pelo hacia delante, como hacía Julio César, o, cuando esto tampoco era suficiente, a presentarse siempre en público tocado con la corona de laurel.
Los romanos dedicaban gran parte de su tiempo a las termas, baños públicos muy completos, dotados también de espacios para el deporte. Las mujeres acudían por las mañanas y los hombres por las tardes. También se acudía al foro, especie de mercado que progresivamente fue haciéndose más monumental, para charlar y ponerse al día en las últimas novedades.
Termas

Bibilografía: El Imperio Romano – José L. Cortés Salinas

Los romanos tambien se casaban.

Bodas en la antigua Roma

 

El matrimonio en la sociedad romana solía efectuarse a edad temprana: de 18 a20 años para ellos y de 14 a 16 para ellas eran las edades tenidas por idóneas, aunque podían casarse a partir de los 14 y los 12 años respectivamente.
Entre la clase alta, que es entre quienes estas reglas se cumplían con cierta precisión, eran los padres los que convenían la futura boda de sus hijos, por motivos económicos o conveniencias familiares, sin que estos se conociesen siquiera. Establecido ya el compromiso pasaba un tiempo, según la edad de los futuros esposos, hasta que se fijaba el día de la boda. El novio regalaba a su esposa una alianza de hierro —que se colocaba en el dedo anular de la mano izquierda, por creerse que este dedo estaba conectado con el corazón—, y generalmente un tiempo después una sortija de oro. Estos regalos, que no tenían que ser correspondidos por ella, eran meras muestras de fidelidad al compromiso, porque lo cierto es que la pareja tenía pocas ocasiones de verse, y menos aún de tratarse, antes del matrimonio.
Contra esta costumbre de concertar los esponsales sin el consentimiento de los novios, se levantaron, ya en época imperial, varias voces. Séneca se quejaba de ello. Y el jurista Salvio Juliano llegó a proponer que la aceptación de los novios fuese indispensable para celebrar un matrimonio. Pero, en general, la inveterada costumbre familiar no se perdió. 
Había varias clases de matrimonio: la más antigua y solemne era laconfarreatio, que era la que practicaban los patricios. La ceremonia se celebraba en presencia de diez testigos. La coemptio sólo requería cinco, ante los que el novio pagaba al padre de la novia una moneda de plata y una de bronce como simulación de la compra de la novia. El derecho romano también admitía el usus, cuando la novia había estado un año con el novio.
El día de la boda, elegido en fecha considerada favorable —preferentemente la segunda quincena de junio—, llegaba a ser una gran fiesta para las familias. La víspera, las novias dedicaban a los Lares los juguetes de su infancia. Las peinaban con seis trenzas y le cubrían la cabeza con un velo naranja, elflammeum. Y a la ceremonia se asistía con gran aparato de vestido y luciendo cuanto esplendor se podía. Llegados al templo, los esposos se situaban ante el altar, donde ya estaba dispuesto un animal que el sacerdote sacrificaba como súplica a los dioses por la felicidad de los contrayentes. Tras el sacrificio elarúspice leía las entrañas del animal, prediciendo un futuro de bienestar y dicha a la pareja. La prónuba, una matrona, juntaba las manos de los novios.
Después venía la comida nupcial, que solía ser espléndida, y en la que los invitados recibían frecuentemente regalos como recuerdo. En ella los esposos se recostaban por primera vez juntos en el mismo triclinio, mientras la comida y el vino fluían abundantes. El derroche de las bodas llegó a ser tal que el emperador Augusto, en sus decretos sobre el lujo, prohibió que el coste de una boda sobrepasase los mil sestercios.
Luego venía el deductio, una simulación del secuestro de la novia, que debía refugiarse en brazos de su madre mientras él fingía arrebatársela teatralmente. Ya de noche, y entre una procesión de antorchas, era llegado el momento de lauxorem ducere: la esposa era conducida al umbral de la casa del esposo. Llevaba a dos niños de la mano que cargaban una rueca y un huso, símbolos de la vida doméstica, mientras un tercero portaba por delante una antorcha, había músicos, y las personas que la acompañaban recitaban versos picantes y arrojaban nueces a los niños. La puerta de la casa estaba adornada por ramos verdes, y allí el marido recibía a su mujer, entrando ambos en su nueva casa.
En los matrimonios más tradicionales el marido no sólo recibía una dote por su mujer, sino que, tras el esponsal, pasaba a ser dueño de todo lo que pudiese pertenecer a su esposa. Pero en otros matrimonios, aunque el marido seguía recibiendo una dote, existía separación de bienes y la mujer seguía siendo dueña de sus pertenencias.

Minas eran las griegas

Las mujeres en la antigua Grecia

Las mujeres casadas, las doncellas y las niñas mientras estaban al cuidado de sus madres y esclavas, permanecían en el gineceo, del cual salían en raras ocasiones. Allí crecían en la ignorancia. El cuidado que prestaban a los deberes domésticos y a su atuendo era todo el interés de su monótona existencia, y no había relación intelectual alguna con el otro sexo. Incluso en las ceremonias públicas actúan independientemente de los hombres. 
Ni siquiera el matrimonio cambiaba su situación. La doncella se limitaba a pasar del gineceo de su padre al de su marido, si bien en este último ella era la dueña absoluta. El esposo vigilaba su honor con celo, y no se consideraba que la mujer tuviera muchos más derechos que los de un esclavo doméstico. Recordemos cómo Telémaco ordena a su madre que vigile su huso y su telar en vez de interferir en los debates de los hombres. Los matrimonios felices no eran imposibles, aunque prevalecía la opinión de que la mujer era un ser de naturaleza inferior a la del hombre. 
Sin embargo los dorios observaban unas costumbres diferentes, y daban plena libertad a las doncellas para que se mostraran en público y se fortalecieran por medio del ejercicio físico. Hay que tener en cuenta que esta libertad no fue el resultado de ninguna consideración de igualdad entre ambos sexos, sino que se fundó en el deseo espartano de producir niños fuertes por medio de la adecuada preparación del cuerpo de las mujeres. 
La principal ocupación femenina, aparte de preparar las comidas, consistía en hilar y tejer. Las divinidades áticas están representadas en las artes como diosas del destino, tejiendo el hilo de la vida y luciendo como atributo una rueca. Incluso Helena recibió como regalo un huso de oro con una cesta de plata para guardar el hilo en ella. 
En cuanto a la preparación de la comida, la parte más dura, como moler el grano en molinos de mano para abastecer a los numerosos invitados, la realizaban las sirvientas. En el palacio de Ulises doce esclavas estaban empleadas todo el día moliendo trigo y cebada. Cocer y tostar carne sobre el asador también era tarea de las esclavas. En tiempos posteriores llegó a ser costumbre comprar o alquilar esclavos masculinos como cocineros. 
En cada casa, incluso en las de una riqueza modesta, se mantenían varias esclavas como cocineras, doncellas y compañeras de las damas en sus escasas salidas, al ser considerado impropio salir de casa sin la compañía de varias de ellas. Sólo abandonaban el hogar para hacer alguna visita a sus vecinas y para asistir a bodas, entierros y festivales religiosos, en los que sí representaban importantes papeles públicos. 
También era tarea femenina ir al pozo a buscar agua, lo que les proporcionaba otra ocasión de reunirse con otras mujeres. Casi todos los pozos eran comunitarios, ya que sólo los hogares más ricos podían aspirar a uno privado. 
Las representaciones de mujeres bañándose, adornándose, tocando y bailando son numerosas. La doncella ateniense, distinta de la espartana, no creía apropiado exhibir públicamente su habilidad y belleza física, pero tomar un baño parece haber estado entre sus costumbres diarias. Hay una pintura muy interesante en un ánfora del museo de Berlín en la que se ve el interior de una sala de baño. El espacio interior está dividido por una fila de columnas en dos habitaciones, cada una de ellas para dos mujeres. Probablemente el agua se llevaba a presión a las partes superiores de las columnas huecas, y la comunicación entre ellas se efectuaba por medio de tuberías. Los grifos tienen forma de cabezas de osos, leones y panteras de cuyas bocas sale el agua. Las tuberías, a cierta distancia del suelo, se utilizaban para colgar las toallas. Tal vez las llenaban de agua caliente para calentar la ropa. 
El columpio era una diversión femenina. En conmemoración de la muerte de Erigone, hija de Icario, se había decretado un festival en Atenas en el que a las doncellas se les consentía divertirse en el columpio. Hay ilustraciones en las que incluso aparece Eros impulsándolo. 
Una excepción dentro de la sociedad femenina griega eran las hetairas, mujeres libres y de esmerada educación, cortesanas que participaban en fiestas y banquetes de la aristocracia. Su misión era entretener con su oratoria y su canto, pero también con sus encantos físicos, a todos los invitados. Solían vestir con una ligera gasa que permitía apreciar sus encantos, o incluso llevar el pecho descubierto. Estas mujeres pagaban impuestos, y algunas de ellas gozaron de enorme influencia y prestigio social. 

Demóstenes dijo: 
“Tenemos a las hetairas para el placer, a las criadas para que se hagan cargo de nuestras necesidades corporales diarias y a las esposas para que nos traigan hijos legítimos y para que sean fieles guardianes de nuestros hogares”. 

Bibliografía: 
Los griegos – E. Guhl y W. Koner

Grecia y Roma en la moda actual


Un poco de glamour en el vestuario clásico grecorromano parece que despierte algo ¿no? from javillaplana on Vimeo.

INDUMENTARIA Y ACCESORIOS


La indumentaria en el Imperio Romano
Introducción
En Roma la vestimenta tenía una misión concreta, comunicar el status social del que vestía la prenda. La stola cumplía esta misión. Su objetivo era mostrar, manifestar a simple vista, que la mujer estaba casada. La prenda era más bien formal y sobria comparándola con otras túnicas como el chiton o el peplos. Como acabamos de decir esta túnica pertenece a la familia de las túnicas. Era larga y se extendía de los hombros hasta los pies, en los hombros se unía por dos tiras breves. La mujer generalmente complementaba con la palla. Un manto rectangular que podía ser utilizado como velo o bufanda. De finos materiales y confección este variaba mucho dependiendo la clase social de la dueña. A lo largo de este artículo veremos otras prendas como el ricinium, que era similar a la palla pero utilizado por las matronas y luego tenemos el Supparrum, un velo que caía de la cabeza hasta la cintura.
La stola
La stola era una variedad de túnica, que como indicamos la mujer empezaba a vestir inmediatamente después del matrimonio. Esta se ponía por sobre otra túnica, la subucula o túnica interior, de seda o lino ya que eran materiales livianos y quedarían mucho más confortables luego con la stola arriba. Tener una túnica interior era muy conveniente en los días fríos ya que la stola era un vestido liviano y poco abrigado. La túnica interior generalmente era de una sola pieza y con mangas, lo que otorgaba mayor comodidad. Las stolas podían ser de seda, lino o algodón. Aunque las de seda eran las preferidas en las clases altas. Sus colores iban del blanco crema -el color natural de la lana- al gris, el rojo y el purpura. Colores obtenidos con diferentes tinturas naturales. Se distinguía y valoraba a las mujeres con muchos hijos. Cuando estas tenían más de tres hijos podían vestir la stolae matronae que les otorgaba orgullo y prestigio en la sociedad.
Era normal adornarla con un patagium. Este era una especie de cinturón que se ponía sobre la stola. No muy ajustado y podía estar teñido de purpura, una tintura bastante costosa y -simbolo de riqueza- o estar bordado con hilo de oro y otros arreglos. Era considerado muy elegante y el usarlo le daba prestigio social a la mujer que inmediatamente la distinguía como una persona adinerada o de buen pasar.


Palla, ricinium y supparrum
Era utilizado por las matronas. Era un manto cuadrado, o rectangular perod e poca extensión horizontal. Este manto indicaba prestigio dentro de la familia y como tantas otras prendas era un indicador de status instantáneo. La mujer que lo utilizara quedaba inmediatamente señalada como una matrona. Iba de la cabeza hasta los pies, ya que generalmente se utilizaba enganchado al pelo formando un velo trasero. El ricinium no tuvo una vida muy larga, comparado con otras prendas. Rápidamente fue reemplazado por la palla. La palla también era un velo pero más práctico. Generalmente se podía utilizar como bufanda, como chal o como capucha. Era de gran popularidad entre las mujeres.
Cubrirse la cabeza estando en el exterior de las casas no era por motivos religiosos como podemos ver hoy en las comunidades musulmanas donde se obliga a las mujeres a cubrir su cuerpo. Las romanas usaban estas "capuchas" por una cuestión social. Era considerado de buen gusto y apropiado para una mujer de clase alta cubrirse.
El supparrum era más que nada una capa que iba desde los hombros a los pies. Se enganchaba de la subucula y su característica era que lograba cubrir los brazos de


Ropa interior y antecedentes de la bikini


En lo que se refiere a ropa interior encontramos varios referencias. Las mujeres para levantar el busto solían utilizar el ascia pectoralis. Una especie de corpiño que ayudaba a darle mayor firmeza al busto. El strophium y la mamillare eran también dos prendas interiores utilizadas por las mujeres. Estas eran más semejantes a los corpiños actuales. Estaban compuestas por tiras de cuero que cubrían el busto sosteniéndolo y afirmándolo.
En murales podemos ver el equivalente a bikinis. Sabemos que estos eran utilizados en competencias atléticas por las mujeres dado que las pinturas encontradas las simbolizan cargando una rama de laurel.


Características generales y prendas más utilizadas
La lana era el tipo de material más utilizado para confeccionar las prendas, dada su abundancia y fácil manejo. Esto no quiere decir que no se utilizaran otros materiales. Dependiendo del poder adquisitivo de la persona en cuestión las prendas podían ser de algodón, lino o seda. Las mujeres patricias de buen pasar prácticamente utilizaban exclusivamente seda para sus chitones. Como es lógico asumir las decoraciones eran un punto importante a la hora de definir el gusto de los romanos. Los adornos de perlas -uno de los tipos preferidos de joyas por las mujeres- eran muy utilizado para adornar desde los broches en las túnicas hasta las mismas sandalias o zapatos. Diferentes tinturas eran utilizadas para decorar la ropa. La purpura -una tintura muy costosa obtenida de los moluscos y considerada de excelente gusto- y otras tinturas de origen vegetal, también eran utilizadas para embellecer las prendas.
No hay evidencia de un uso muy difundido de ropa interior -indumenta, como se la llamaba- hasta antes de la República. Sabemos que los trabajadores utilizaban un subligar o un subligaculum para proteger sus genitales, el cual era una prenda rectangular de lino o lana que generalmente cubría también el vientre. Posteriormente surgen dos nuevos tipos de ropa interior. La subucula, que asemeja una camiseta, la cual era normalmente hecha de lino; y la camisia, que su nombre ya nos deja claro que era similar a una camisa. También vemos que estas prendas podían tener distintos modelos, encontramos el campestre entre ellos que era muy utilizado en días calurosos. Por otra parte podemos encontrar la mamillare en las mujeres. Una tira de cuero que sostenía el busto y se asemejaba al corpiño actual.


La toga


Entre las prendas que distinguían a los romanos se encontraba la toga, la cual se convirtió no solo en una prenda de vestir sino que también en un símbolo nacional, ya que solo podía ser utilizada por un ciudadano romano. Aunque en el principio la vestían tanto hombres como mujeres esta luego pasó a ser de uso exclusivo de los hombres. Por otro lado las mujeres vestían la palla que era una especie de capa o velo que se podía armar como una toga, pero no era normal, vestirla simulando una toga, ya que las prostitutas anunciaban su oficio utilizando una prenda similar toga por las calles. Esto hacía que las mujeres utilicen su palla como una capucha y no como una toga en miniatura. Esta prenda, la toga, fue tomada de los etruscos y adaptada a las necesidades romanas. En un principio su utilización era simple y solamente enrollaba el cuerpo del que la vestía. Como todo proceso en la civilización, a medida que pasa el tiempo y se innova o cambian las costumbres, diferentes patrones y reglas sociales se crean en lo que se refiere a la etiqueta y el buen gusto. Por lo que ponerse una toga pasó a ser un arte. Complicados pliegues y dobleces hacían requerir algunas veces de la ayuda de un esclavo especializado. La incomodidad que presentaba este proceso llevó a que con el tiempo se dejara de lado y se convirtiera más que nada en un "uniforme" para reuniones formales o eventos importantes.


La túnica


La túnica era otro elemento de vestir de significante importancia en el romano. Esta fue tomada de los griegos y adaptada a las diferentes necesidades de la sociedad. Por ejemplo los trabajadores utilizaban una túnica de una tela de mayor resistencia que les permitiera realizar los duros trabajos del campo. Los soldados también tenían sus túnicas especiales que le otorgaban comodidad y resistencia a las duras condiciones de los terrenos extranjeros donde combatían. En el plano social la túnica era una prenda de entrecasa. Para salir la túnica quedaba cubierta con la toga. Si bien algunas familias patricias tradicionales se negaban a vestir túnica y preferían solo utilizar la toga, para así demostrar su apego a la tradición.
Esta podía variar mucho de modelo a modelo pero su confección era prácticamente similar en todos los casos. Dos piezas de tela las cuales eran cosidas a sus costados y se dejaba un espacio a cada lado para los brazos y otro para la cabeza. Algunas presentaban mangas y había versiones de mangas largas. Se ajustaba con un cinturón por la cintura -aunque muchas mujeres lo hacían por debajo del busto- y algunas versiones con pantalones añadidos también han sido encontradas. Aunque el uso de estas especies de pantalones no era popular y posiblemente considerado de mal gusto.
La paenula
Era en si un manto con una abertura, podríamos decir que asemejaba a un poncho dada sus características. Lo encontramos cuadrado o rectangular, de dimensiones ajustables al tamaño de la persona. Si bien no era exclusivo de los pobres era extensivamente utilizado por éstos. Había paenulas con capucha y sin capucha. Por los ricos y pobres era común utilizarla en viajes y en días muy fríos. Se podía vestir tanto sobre la túnica como por sobre la toga.


Diferencias sociales basadas en la vestimenta


Como mencionamos a lo largo de este artículo las diferencias sociales se acentuaban en la ropa. No solo por una cuestión de materiales y calidad sino también por una cuestión de simbología implícita en las prendas. Era la misma sociedad la que imponía estas reglas de vestimenta que permitían ver el poder o clase del individuo. Por ejemplo solo los senadores podían usar una túnica laticlavia -con dos anchas líneas a cada lado naciendo verticalmente desde los hombros-. Estas distinciones se conoce como el latus clavus, de aquí el nombre de laticlavia. Por otro lado solo los ecuestres podían usar la túnica augusticlavia -similar a la laticlavia pero con líneas más finas-. Estas franjas se conocían como angusus clavus. Algo similar se daba con las togas. La toga praetexta, la cual contaba con un borde purpura en uno de sus extremos, solo podía ser vestida por magistrados. No solo en la ropa se daban estas diferencias. Los calcei senatorii, y como se hace evidente en su nombre eran vestidos por los senadores, eran teñidos de una tonalidad roja para que puedan ser distinguidos fácilmente. Es importante remarcar el esfuerzo que se hacía no solo por mostrar riqueza con la vestimenta, sino también poder demostrar a simple vista el poder de la persona y las divisiones de poder incluso en ese mismo rango social. Por ejemplo los calcei senatorii si eran adornados con una lunula -un adorno plateado- indicaban que este era un oficial importante. Las distinciones también se hacían a la vida personal. Con la stola se distinguía a una mujer casada de una soltera, y con la stolae matronae a una mujer que había tenido más de tres hijos. Hecho que le daba prestigio en la sociedad. Algunos oficiales de alta importancia que no eran magistrados, como por ejemplo los Pontifex Maximus, y que por ende no podían llevar togas de borde purpura, igualmente demostraban su Posición por el cuchillo de hierro conocido como Secespita, que éstos cargaban exclusivamente.
Volvamos otra vez a los materiales. Es evidente, y como ocurre en todas las sociedades, que las clases se pueden diferenciar por la ropa que visten. Una persona de mayor poder adquisitivo obviamente recurrirá a su riqueza para comprar una vestimenta más acorde a su rango en la escala social. Esto también ocurría en Roma. Los esclavos y libertos, así como los plebeyos más pobres, no vestían toga. Los dos primero porque no tenían derecho a utilizarla, ya que como dijimos era un distintivo romano que simbolizaba la dignitas y la gravitas. El último porque muchas veces podía ser una prenda costosa.
Si bien el detalle que mencionaremos a continuación no se expandió como el uso de la toga praetexta para diferenciar a los magistrados de los demás nobles. Con el tiempo se agregaron ciertos colores a las togas para remarcar la profesión de la persona que la vestía. Por ejemplo los filósofos llevaban detalles en color azul, los médicos el verde y los teólogos el negro. Esto fue más que nada un motivo de decoración y no es un dato muy conocido y referenciado, pero es importante aclararlo. más Características que podemos encontrar a la hora de señalar el status social de un individuo se encuentran en los libertos. Era costumbre que algunos libertos usaran sombreros y esto los hacía fácilmente reconocibles como libres. Las mujeres esclavas también solían utilizar sombreros pero para tareas agrícolas.

Vida cotidiana Griega

Vida cotidiana en la antigua Grecia


Agora
Había gran contraste entre los suntuosos templos y las humildes casas de la población: las casas, sin chimeneas, se construían con materiales perecederos, pero los templos se erigían con piedras o losas de mármol que se superponían sin más, al no existir ni el mortero ni el cemento. Además no había canalización de aguas, y la basura se tiraba a la calle, pero desde la época clásica las casas contaban con cuartos de aseo y pequeñas bañeras de barro, piedra o ladrillos.
Los hogares ricos (muy pocos) se parecían a los palacios homéricos, y constaban de una entrada guardada por un portero, el departamento de hombres, cuyas salas daban a un patio rodeado de un pórtico, y el departamento de mujeres, que daba a un jardín.
Casa griega
El ágora o plaza del mercado era un centro de reunión. Allí se encontraban los edificios públicos, los templos y el Palacio de Justicia. Era un lugar de encuentro donde políticos y filósofos podían expresarse libremente. Otro lugar donde reunirse eran los baños públicos, de los que las mujeres estaban igualmente excluidas.
La mitad de la población eran esclavos. La vida de los que trabajaban en minas y canteras era francamente dura. No tanto, sin embargo, la de los esclavos dedicados a las tareas del hogar. Éstos recibían buena comida y podían llegar a recibir la emancipación.
Las mujeres no contaban con ningún privilegio. No podían participar en política y tenían escaso renombre en la vida social y artística. Tampoco competían en los juegos olímpicos. Estaban siempre bajo la tutela del padre o del marido y tenían terminantemente prohibido salir solas a la calle. Llevaban el pelo largo, a diferencia de las esclavas, y también contrariamente a ellas se maquillaban y utilizaban perfumes. Además se rasuraban el vello corporal y prestaban especial atención a sus uñas.
Se cuidaba especialmente la educación de los jóvenes. Estos recibían clases de lectura y escritura, música y canto, y aprendían poesías. El entrenamiento físico tenía gran importancia. Para los griegos la mayor perfección se encontraba en el cuerpo del adolescente y había que ejercitarlo hasta límites insospechados para conseguir aún más belleza.
El entrenamiento era polifacético, pero el deporte preferido era la competición quíntuple, similar al pentatlón actual. Constaba de lucha, carrera, lanzamiento de jabalina, salto de longitud y lanzamiento de disco. La ambición de los participantes en las olimpiadas —que se celebraron cada cuatro años entre el 776 a. C. y el 393 d. C.— era impresionante. Había una gran competencia entre todas las ciudades, también en las colonias. El esfuerzo era tanto que a veces los atletas dañaban su salud o llegaban a morir de agotamiento. Mientras duraban los juegos, la vida política se colapsaba y cesaban las batallas. La celebración permitía, además, que filósofos, políticos y literatos hicieran demostraciones de su arte. 

El Discóbolo de Mirón
Los griegos solían reunirse en festejos en los que abundaba la comida y la bebida. Aprovechaban estos banquetes para intercambiar opiniones, pues eran muy amigos de la conversación. Las esposas no asistían a estos actos, pero sí las hetairas, mujeres que tañían la flauta, bailaban y atendían a los hombres. No se usaba tenedor, sino que se comía con los dedos. Hay cuchara para sopas y cuchillo para cortar la carne. En los banquetes se sentaban en banquetas, que por eso llevan ese nombre.
Hacían tres comidas al día. El desayuno consistía en pan de cebada mojado en vino, y podían añadirse higos o aceitunas. Después venía un almuerzo ligero, a mediodía o comienzo de la tarde, y por último la comida principal, que era la cena, generalmente a la caída de la noche.

Eran profundos amantes del teatro. La afición al drama fue causa de que se construyeran numerosos teatros en los que se representaban varias obras seguidas. El coro, compuesto únicamente por hombres, tenía mucha relevancia. Sus integrantes iban ataviados con máscaras y coturnos. En Grecia se daba mucha importancia a la palabra, por lo que eran aficionados a la oratoria y a la recitación. Las representaciones, siempre al aire libre, se hacían en teatros con gradas, lo que daba cierta comodidad al público.
En general, el pueblo griego era supersticioso en extremo. Los dioses eran primordiales, y estaban presentes en cada acto que realizaban. Los sacrificiosconsistían en la ofrenda de animales y productos agrícolas con los que se buscaba la protección del dios contra la desgracia y la enfermedad, y su perdón por las malas conductas. Por lo general no se hacían sacrificios humanos, salvo en casos de extrema necesidad. Se sabe que en el año 480 a. C. los atenienses sacrificaron a una persona para detener el avance de los persas. Estaba muy extendida la práctica de la adivinación, que se realizaba por medio de la interpretación del vuelo de las aves o de las vísceras de animales, pero también por medio de los oráculos, personas que tenían el poder de transmitir por su boca los pensamientos de los dioses.
Templo griego
El oráculo de Delfos fue de los más visitados, y a él acudían peregrinos de toda Grecia. El oráculo decía siempre la verdad, y si después sucedía justamente lo contrario era porque los hombres no habían sabido interpretar las palabras de la divinidad.