jueves, 27 de agosto de 2015

VÍDEOS RECOMENDADOS

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Revolución industrial: máquina de vapor, metalurgia e industria textil

Revolución industrial: máquina de vapor, metalurgia e industria textil

 Durante el período del Renacimiento (siglos XV y XVI), Europa experimentó en varios desarrollos en el campo científico. Copérnico propuso la teoría heliocéntrica. Kepler demostró que las estrellas se mueven en una elipse en el espacio. Leonardo da Vinci estableció varios proyectos que se hicieron realidad después con el desarrollo tecnológico. Newton llevó la teoría de la gravitación universal y Galileo, con sus observaciones del espacio celeste ratificó la teoría heliocéntrica de Copérnico. 
El desarrollo que se produjo en este período fue decisivo para enterrar a las antiguas creencias místicas, proclamadas por la Iglesia Católica que impedían la entrada libre del desarrollo tecnológico.
 La atmósfera existente en Europa en ese momento sienta las bases para la llegada de muchas nuevas tecnologías que preceden a la Revolución Industrial en el siglo XVIII. Hay que decir que todo el desarrollo técnico ha estado siempre relacionado con otros aspectos de la historia de la humanidad. Paralelamente a los cambios, las transformaciones políticas, sociales y económicas en Europa también se alteraron rápidamente. 
Las nuevas ideologías revolucionarias en la Declaración de Independencia (1776) y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789) tuvieron una enorme influencia en las mentes de los hombres de aquel tiempo. Fue el liberalismo político y económico presentes en la Ilustración, la opción responsable del cambio de dirección en la historia. Durante el siglo XIX, otros eventos en Europa y en los Estados Unidos significaron un rápido progreso en el crecimiento industrial. Los conflictos bélicos internacionales desatarían el dominio del estado norteamericano. Máquina de vapor Hasta la invención de la máquina de vapor, solamente existían dos máquinas como fuente de energía en Europa: la rueda de agua y el molino de viento, que ofrecían 10 caballos de fuerza. La rueda de agua más grande de toda Europa se construyó para servir a las necesidades del Palacio de Versalles en Francia en 1682 durante el reinado de Luis XIV, funcionando en condiciones óptimas producía 75 caballos de potencia. No fue fácil llegar a la máquina de vapor. 
En el siglo XVIII no había una idea esclarecida sobre gases, que a menudo eran considerados sustancias misteriosas. Denis Papin, físico francés, expuso en 1690, una idea que fue el punto de partida para aquellos que inventaron la máquina de vapor. Su invención se basó en el mismo fenómeno observado por Papin: que cuando se pasa de estado gaseoso al líquido, el agua disminuye su volumen. 
Sin embargo, la máquina de Newcomen era lenta, desarrollado a 5 Hp (caballos de fuerza), pero era la forma más eficiente para bombear agua en el momento. A mediados del siglo XVIII, los motores de Newcomen fueron casi perfectos, los ingenieros de la época trataron de adaptarlas para conducir otras máquinas. En 1780, James Watt, mediante un sistema de engranajes planetarios, había construido un nuevo motor que adaptaba un condensador especial, separado del pistón para enfriar el vapor de agua, dando una mayor eficiencia en el motor que, una vez producido llegaba a producir 1000 Hps. Industria textil El desarrollo de la máquina de vapor dio un gran impulso en la industria textil siendo considerada como un clásico ejemplo del desarrollo de la Revolución Industrial. 
Durante miles de años, los pueblos usaron el mismo método para hilar la lana en su estado natural. Esquiladas las ovejas, las fibras de lana se lavan y se envuelven en las cuerdas, más tarde son secadas y amarradas a ejes pesados. Los enredos de hilos se realizaban uno por uno, manualmente. En 1755, John Kay, inventó la rueda de transporte, que trabaja con más cables permitiendo aumentar el ancho de los tejidos y la velocidad de fabricación. En 1764, James Hargreaves inventó la máquina de hilar que consistía en una serie de ejes dispuestos verticalmente y movidos por una rueda, además de un gancho.
 En 1769, Richard Arkwright, desarrolló una máquina que se asoció con la máquina de vapor. Estas máquinas han adquirido una importancia cada vez mayor con la sustitución de lana por el algodón. Este era hilado, con más facilidad, y por su abundancia en las plantaciones del sur de los Estados Unidos permitió un gran desarrollo en la industria textil. Industria metalúrgica El uso del mineral de hierro en la fabricación de instrumentos y artefactos para ayudar en el día a día del hombre data desde la prehistoria.
 Haciendo fuego, el hombre percibió que algunas piedras se derretían con el calor y pasó a moldearlas. Desde ese momento, varios pueblos se iniciaron en la metalurgia. Fue en la Revolución Industrial cuando las personas desarrollaron nuevos métodos de utilización de este mineral y generalizaron su materia prima. Mientras tanto, los británicos ya disponían de hornos para trabajar el hierro desde el siglo XV. La abundancia de carbón en Inglaterra llevó a este país a las máquinas de las máquinas de madera de hierro. 
En el proceso de la llamada Segunda Revolución Industrial, Henry Bessemer, estableció un método innovador para la transformación de hierro en acero. Por su resistencia y su bajo costo de producción, el acero pronto había suplantado hierro, convirtiéndose en el metal de base para la fabricación de herramientas y utilidades en la modernidad.

Fuente original: Escuelapedia.com

LA INDUSTRIA TEXTIL EN GRAN BRETAÑA ALGODON Y LA REVOLUCION TEXTIL

Historia de la Industria Textil Británica: la industria algodonera:
La Inglaterra de la primera mitad del siglo XVII vio producirse cierto crecimiento de su mercado interior, ligado a las consecuencias favorables de su revolución burguesa y a la transformación que estaba experimentando su agricultura.
En el siglo XVIII, Gran Bretaña encabezaba la producción de bienes de algodón baratos, mediante el uso de los métodos tradiciones de la industria doméstica. El desarrollo de la lanzadera volante cremento la velocidad del proceso de tejido en un telar, lo cual le permitió a los tejedores duplicar la producción.
Sin embargo, esto provocó escasez de hilo, hasta que la máquina de hilar de James Hargraves, perfeccionada en 1768, permitió a los hilanderos fabricar subproducto en mayores cantidades. La máquina de hilar de sistema hidráulico, cuyo inventor fue Richard Arkwright, impulsada por agua r caballos, y la llamada muía de Samuel Crompton —que com- ioa aspectos del sistema hidráulico y de la máquina de hilar— cementaron aún más la producción de hilo.
El telar mecánico, untado en 1787 por Edmund Cartwright, permitió que el proceso ejido de ropa se coordinara con el proceso de hilado. Incluso, los primeros telares mecánicos eran demasiado ineficientes, lo que permitía que los tejedores manuales domésticos siguiesen prosperando,al menos, hasta mediados de la década de 1820.
Después de esa fecha fueron sustituidos de manera gradual por las nuevas máquinas. En 1813 había 2400 telares mecánicos en operación en Inglaterra; aumentaron hasta 14.150 en 1820; en 1833 ya eran 100.000, y para 1850 llegaron hasta 250 000. En Inglaterra, en la década de 1820 todavía había 250 000 tejedores manuales; en 1860, sólo quedaban 3000.
HISTORIA: John Kay patentó en 1733 la lanzadera volante, que había de mejorar considerablemente la productividad del tejido; pero esta invención no tuvo efectos inmediatos, entre otras razones porque se hacía preciso aumentar en el mismo grado la productividad del hilado, si se quería evitar que se produjese un estrangulamiento de difícil solución. Si no hubiera sobrevenido ningún cambio externo al sistema, es posible que esta situación hubiera conducido a abandonar la invención de Kay —como ocurrió con otros inventos en el transcurso del siglo XVII— o a una lenta readaptación de toda la industria algodonera, con imprevisibles consecuencias humanas. Pero el cambio se produjo, dado que sobrevino un estímulo capaz de salvar la situación.
El comercio exterior británico dependía en buena parte del tráfico con los tejidos de algodón de la India (las indianas); a mediados del siglo XVII, la Compañía Inglesa de las Indias Orientales comenzó a tropezar con dificultades para aprovisionarse de tejidos indios, y dirigió su demanda al propio mercado británico. La existencia de esta demanda explica el interés que suscitó la renovación de los métodos de hilado, que desembocó en una serie de innovaciones harto conocidas.
La spin-nini-Jenny de Hargreaves (inventada en 1764 y patentada en 1770) comenzó funcionando con 16 husos a la vez, manejados por un solo operario, y acabó conteniendo más de 100 husos: en 116’J Arkwright patentó el water-frame, una máquina que ya no era apta para la industria doméstica, sino que había sido proyectad; para funcionar en una factoría, empleando la fuerza hidráulica ; el vapor; pocos años más tarde (1779), la mulé de Crompton combinó los principios de la spinning-jenny y del water-frame, en 1785 se comenzaron a utilizar las nuevas máquinas de vapor de Watt para hacer funcionar una fábrica de hilados. El resultado de la aplicación de estas innovaciones era que, hacia 1812. un hilador podía hacer tanto trabajo como hacían doscientos mediados del siglo xvm.
Naturalmente, estos perfeccionamientos en el hilado no sólo permitieron emplear la lanzadera volante de Kay, sino que suscitaron nuevas innovaciones en el tejido (como el telar mecánico de Cartwríght, introducido a comienzos del siglo XIX), e incluso en otros aspectos de la producción algodonera (el blanqueo por cloro, que suprimía el engorroso y largo blanqueo al sol, con las telas extendidas en los prados de indianas).
Esta sucesión increíble de innovaciones en el transcurso de treinta años (mucho más numerosas e importantes que las que se habían registrado en ”’cualquier sector de la industria textil en los trescientos años anteriores) no podría explicarse si no hubiese habido una, considerable expansión en la producción, única circunstancia que podía justificar tantas y tan costosas inversiones en renovación de utillaje.
En efecto, de 1780 a comienzos de siglo XIX las exportaciones británicas de tejidos de algodón se multiplicaron por diez. Paralelamente, los aumentos de productividad permitían reducir hasta la sexta parte los precios de algunos productos. Transformaciones semejantes en el breve plazo de dos o tres décadas no se habían producido nunca con anterioridad. No cabe duda de que nos hallamos ante un fenómeno tan nuevo y de tanta magnitud que no es exagerado calificarlo de revolucionario; como ha señalado Hobsbawm, este salto hacia delante que dio nacimiento al desarrollo económico moderno es uno de loshitos fundamentales de la historia de la humanidad.
En el plano del comercio internacional, la transformación de la industria algodonera británica hizo posible que los comerciantes ingleses dominaran el mercado mundial en una forma y a una escala que no se habían dado jamás. Inicialmente, estos tejidos de algodón se destinaban a un comercio triangular: eran llevados a África a cambio de esclavos; estos esclavos se transportaban a las plantaciones norteamericanas para venderlos y adquirir algodón en rama, que conducía entonces a la metrópoli.
A la metrópoli se llevaban además los beneficios, porque el fabuloso aumento de la productividad permitió mantener los precios del mercado internacional, e incluso bajarlos considerablemente, y realizar enormes beneficios, que nos ayudan a entender el entusiasmo por efectuar inversiones industriales. Este entusiasmo se explica también por el hecho de que la capacidad de expansión del mercado ultramarino parecía infinita: la India fue sistemáticamente desindustrializada a comienzos del siglo XIX y se convirtió, paradójicamente, en uno de ios mayores importadores de tejidos de algodón británicos; la América española, una vez emancipada, cayó también bajo el dominio del comercio inglés.
Por otra parte, la expansión del comercio ultramarino de tejidos favoreció el proceso general de perfeccionamiento de la industria y la puso en situación de adueñarse del propio mercado europeo. Pasaron muchos años antes de que otros países europeos iniciaran el mismo camino y se situaran en condición de poder competir con los tejidos de algodón británicos. Para entonces, los beneficios acumulados en Gran Bretaña eran enormes, y en buena parte se habían invertido ya en otras ramas de la producción.
Se ha discutido mucho acerca de si la simple expansión de la industria algodonera pudo haber causado el «despegue» en el proceso de crecimiento económico autosostenido que encontramos en Gran Bretaña en el siglo XIX. Quienes objetan esta posibilidad señalan el hecho de que la industria algodonera adquiría su materia prima en el extranjero y hacía pocas demandas de bienes o servicios a otros sectores de la propia economía británica. Pero esta objeción, planteada al nivel estático de los intercambios entre diversas industrias en un momento dado, ignora toda una serie de factores importantes que se escapan del enrejado de una tabla input-output.
La revolución de la industria algodonera motivó una serie de cambios que, si inicialmente provocaron la transformación de la sociedad británica, acabaron influyendo sobre la propia economía. Apareció, en primer lugar, un proletariado urbano: un ejército de mano de obra industrial, dispuesto a emplearse donde y cuando se precisase. No es seguro que estos campesinos desarraigados, hacinados en los suburbios de las ciudades industriales, mejoraran su nivel de vida en las primeras décadas de la revolución industrial; más bien parece haber ocurrido lo contrario.
Pero sus necesidades de alimentos estimularon la comercialización de la agricultura, y su demanda de bienes de consumo ayudó a crear un mercado interior para la propia producción industrial. También al nivel de los empresarios se produjeron cambios sustanciales: los rendimientos decrecientes del comercio internacional, en el que existía fuerte competencia, vinieron a poner de relieve lo excepcional de los beneficios industriales, y fomentaron ulteriores inversiones en la industria en general, no sólo en la algodonera.
La vida entera de la Gran Bretaña se había transformado, la sociedad británica había iniciado un camino irreversible, hacia la industrialización, dando origen al capitalismo actual.
PARA SABER MAS…
HILANDERÍA PERPETUA

Samuel Slater se fijó en la memoria los mecanismo una fábrica de algodón cuando emigró a América en 1790. De este modo burló la ley que prohibía la exportación de maquinaria de Inglaterra. En la nueva fábrica de tejidos de Slater, en Pawtucket; Rhode Island, se producía con tanta velocidad, que las plantaciones algodoneras del sur no pudieron abastecer suficiente algodón en rama.
Cada trabajador de las plantaciones necesitaba por lo diez horas para separar las pequeñas semillas incrustadas en tres libras de algodón. Eli Whitney salvó tanto a los dueños de las plantaciones como a la fábrica de Slater con el invento de su famosa desmotadora de algodón.
El invnto consistía en un aparato que utilizaba dientes metálicos sobre una rueda, con ranuras tan juntas, que las semillas se desprendían del algodón, el cual pasaba a través de un tamiz de alambre, impulsado por cilindros provistos de espigas que giraban uno contra otro. Un cepillo giratorio quitaba las semillas de los cilindros.
Este nuevo invento hizo posible que cada trabajador de las plantaciones produjera un mínimo de 50 libras de algodón por día. La súbita afluencia de cargamentos de algodón cada vez mayores a la íábrica de Slater indujo a éste a abrir una nueva fábrica tras otra, con lo cual se inició la era mecánica en América. La producción de algodón aumentó de 63.500 kilos a 57 millones de kilos una generación después de la invención de la desmotadora de algodón.
Por su parte, en Inglaterra, la máquina de vapor de Watt influyó poderosamente en el desarrollo de la industria textil. Las fábricas no necesitaron más las caídas de agua para hacer girar sus ruedas. En 1810 había 500 fábricas de hilados equipadas con máquinas Watt. Diez años más tarde funcionaban cinco millones de lanzaderas.
La fábrica de algodón estuvo íntimamente vinculada a oíros inventos. En 1801 Jacquard inventó el telar automático. El telar de Jacquard se basaba en el mismo principio de una pianola. El diseño del tejido era determinado por un número de clavijas montadas sobre una cadena, unidas mediante tarjetas horadadas con largos vastagos de hierro.
Los vastagos cuyos extremos no penetraban en los agujeros de las tarjetas horadadas levantaban los,hilos de la malla. Mediante el uso continuado de un determinado juego de tarjetas, podía hacerse en el tejido un dibujo con hilos de distintos colores.
Posteriormente, el telar se automatizó más al lograr que pudiera insertarse una bobina de hilo sin necesidad de detenerse. Esto se consiguió medianil una lanzadera de enhebrado automático.
Luego se introdujo un cortador especial, que corlaba los dos extremos de la trama. Con estos y otros aparatos automáticos, pronto, un operario pudo atender dieciséis telares a la vez. En 1857 la maquinaria de las hilanderías era resultado de alrededor de 800 inventos, y un solo obrero vigilaba 80 telares o más. Medio millón de tejedoras mecánicas producían una cantidad de telas que hubiese requerido diecisiete millones de tejedoras manuales.
Actualmente los hilados artificiales están dominando. Una masa plástica se transforma en finos chorros que recorren más de trescientos metros. En este proceso se desulfuran, se blanquean, se lavan, se secan y se unen en una bobina, todo ello en seis minutos de operación automática, merced a los ágiles dedos del Hombre Mecánico.

DESARROLLO TECNOLOGICO

Desarrollo Tecnológico



Los inventos tecnológicos son las manifestaciones más llamativas de la revolución industrial.
En el espacio de unas pocas décadas se verificaron profundos cambios en el terreno de los transportes y las comunicaciones. El norteamericano Samuel Finley Breese Morse inventó en 1.835 el telégrafo, aplicando los principios del electromagnestismo a un código de transmisión por impulsos. Gracias a la creación de llamado “Alfabeto Morse” fue posible acelerar considerablemente la comunicación, logrando conectar incluso países de distintos continentes.
En 1.871 el italiano Meucci y en 1.876 el escocés Bell pusieron a punto el teléfono.
No menos importantes fueron los descubrimientos en el terreno agrícola. En 1.840 el químico alemán Liebig elaboró los primeros abonos artificiales, y seis años más tarde se descubrieron los anticriptogámicos para prevenir la proliferación de plantas nocivas en los cultivos.
Otra invención que tuvo gran éxito fue el daguerrotipo, osea, el primer sistema fotográfico, patentato en 1.839 por el francés Louis-Jacques Daguerre. Apurando la técnica fotográfica, los hermanos Lumière llevaron a cabo los primeros experimentos cinematográficos, que se dieron a conocer en 1.895.

INDUSTRIA TEXTIL


La incorporación de máquinas a la producción sustituyó el trabajo manual y los tradicionales sistemas de fabricación por otros nuevos. El trabajo se trasladó desde los talleres artesanales con un reducido número de operarios a las fábricas.
En la primera revolución Industrial, la industria del algodón, pasó a ser la actividad principal en esta época. Incorporando diversas innovaciones a los procesos de tejido e hilado, desplazó en magnitud a la de la lana.
Hubo hechos que incentivaron esta situación. Entre ellos se puede destacar:
-La prohibición de importar telas de algodón de la India. principal competidora de Inglaterra.
-La existencia de grandes plantaciones de algodón en Norteamérica, explotadas en régimen esclavista que proporcionaban materia prima abundante y barata a las factorías inglesas.
-La inexistencia de reglamentaciones en el proceso productivo, lo que sin duda eliminaba las trabas que sufrían otras actividades.
Nuevas Energías.
En el transcurso de la Primera Revolución Industrial la fuente de energía más importante fue el carbón y el medio de comunicación que más éxito tuvo desde 1830 fue el ferrocarril.
Durante la Segunda Revolución Industrial el carbón siguió siendo la fuente de energía más utilizada, sin embargo a ella se unieron ahora la electricidad y el petróleo.

a) Petróleo.
Su conocimiento era de hacía años, pero sus posibles aplicaciones se descubrieron luego de la segunda mitad del siglo XIX y de la mano del desarrollo de la industria química. Estas nuevas aplicaciones surgen como consecuencia de una demanda de nuevas máquinas. El primer pozo perforado apreció en Ohio (USA. 1859). No obstante, todo el crudo es inútil, industrialmente hablando, si sólo se queda en crudo. Así aparecen nuevos procesos que lo transforman en gasolina, gas, queroseno.
La producción de petróleo no está completa sin elementos que la usen; aparecen por ello y potenciados por la existencia de este combustible, los motores de explosión interna de gasolina, patentados por Daimler-Benz. Paralelamente, apoyándose en el petróleo, otro inventor Diesel creó el motor diesel (se empezó a utilizar masivamente en la flota de guerra británica a partir de 1900 puesto que el motor diesel daba más velocidad y autonomía a los barcos de guerra). Ambos motores irán sustituyendo, poco a poco, al carbón. Podemos ejemplificar, con el uso de las calderas, ya que era necesario un amplio grupo humano que la mantuviera en funcionamiento además de una gran cantidad de carbón, con el petróleo y su respectivo motor se usaba menor cantidad (un depósito) y menos personal, lo que incrementaba el ahorro.
Asimismo, a fines del siglo XIX se empezó a experimentar con los automóviles y con la aviación a principios del siglo XX. Ambos medios de comunicación no se masificaron hasta después de la Primera Guerra Mundial.
El uso masivo del petróleo y sus derivados tuvo una enorme repercusión económica y política, pues los europeos empezaron a utilizar una fuente de energía que no tenían en su propio territorio. Eso les impulsó a extender sus intereses comerciales y políticos a otros continentes donde hubiera petróleo (Colonialismo).
Sólo las grandes empresas pudieron explotar el petróleo por los cuantiosos gastos de prospección, extracción y refino. Por ello, desde el principio, el petróleo fue un oligopolio.

b) Electricidad.


Aparece junto al petróleo como fuente energética que suprime el vapor. Se venía trabajando en su fabricación a escala útil desde el s. XVIII. El gran problema era conseguir una forma para generarla en grandes cantidades; esto se solucionó al crear, en 1872, Gramne, la dinamo. Posteriormente a Edison se le ocurrió mover esa dínamo (como en la antigüedad) con los molinos de agua, creando en consecuencia, los embalses (futuras centrales eléctricas), el primero 1882 en Nueva York.
El siguiente problema era: ¿cómo transportarla? Se solucionó con Deprez, creador de la alta tensión. Las aplicaciones de la electricidad fueron casi infinitas, suplantando así, a las máquinas de vapor. Aparecen así nuevas utilidades pero que suponen revoluciones, como la revolución que supuso la creación de la bombilla de Edison(presentada en la exposición de París en 1881). Ésta, en un principio, sólo se destinaba a ser usada en los lugares públicos (en algunas familias muy ricas); pero su generalización cambió la manera de entender la vida y el trabajo, al liberar al hombre de la dependencia de los ciclos día/noche.
La electricidad también se aplicó en otros terrenos como en los medios de transporte urbano (aparición del metro), las telecomunicaciones (la telegrafía sin hilo de Graham Bell), el proceso de la electrólisis... Una de sus últimas aplicaciones fue la electricidad de uso doméstico, la cual introduciéndose poco a poco abrió muchos campos (lavadoras, termos...).
La industria de la electricidad se compone de dos partes bien definidas: por un lado la "industria de energía eléctrica" que produce y distribuye corriente, en la mayoría de los casos bajo el control del Estado. Por otro lado la "Industria electrotécnica" que realiza las instalaciones y construye aparatos y máquinas eléctricas. Esta última comenzó a desarrollarse a mediados del siglo XIX. En su primera fase la industria electrotécnica se dedicó a los equipos telegráficos, aparatos de señales y primeras construcciones de tranvías. La empresa alemana Siemens fundada en 1847 se destacó en este período y fue la primera en instalar un tren eléctrico. En la segunda fase se destacó un famoso inventor norteamericano Thomas Alva Edison.


miércoles, 26 de agosto de 2015

TRABAJO PRACTICO


Revolución industrial
1- Realizar una línea de tiempo grafico/escrita entre 1750 y 1900 que identifique e ilustre los principales acontecimientos de la cultura, la ciencia , los inventos y avances tecnológicos y la política de la R. I.
2-Elegir y analizar algunos de los adelantos que hicieron a la industria textil el motor de la R.I., dar datos históricos, técnicos y de su inventor o fabricante y su contexto.
3- Analizar sobre una obra de arte de época los elementos correspondientes al vestuario, adorno peinado, etc. y su relación al contexto social
3. Cine y/o literatura de la R. I., buscar una película u obra literaria que trate la época y analizarla desde la ambientación de época y su indumentaria (critica y opinión personal)

Fecha de entrega 19 de septiembre de 2011

Sitios recomendados REVOLUCIÓN INDUSTRIAL



http://cuadernocostura.blogspot.com/
http://misteriolondres.blogspot.com/
http://janeaustensworld.wordpress.com/

Algunos fragmentos de libros interesantes




“Las industrias alimenticias compitieron con las textiles como avanzadas de la industrialización de empresa privada, ya que existía para ambas un amplio mercado (por lo menos en las ciudades) que no esperaba más que ser explotado. El comerciante menos imaginativo podía darse cuenta de que todo el mundo, por pobre que fuese, comía, bebía y se vestía. La demanda de alimentos y bebidas manufacturados era más limitada que la de tejidos, excepción hecha de productos como harina, y bebidas alcohólicas, que sólo se preparan domésticamente en economías primitivas, pero, por otra parte, los productos alimenticios eran mucho más inmunes a la competencia exterior que los tejidos. Por lo tanto, su industrialización tiende a desempeñar un papel más importante en los países atrasados que en los adelantados. Sin embargo, los molinos harineros y las industrias cerveceras fueron importantes pioneros de la revolución tecnológica en Gran Bretaña, aunque atrajesen menos la atención que los productos textiles porque no transformaban tanto la economía circundante pese a su apariencia de gigantescos monumentos de la modernidad, como las cervecerías Guinness en Dublín y los celebrados molinos de vapor Albion (que tanto impresionaron al poeta William Blake) en Londres cuanto mayor fuera la ciudad (y Londres era con mucho la mayor de la Europa occidental) y más rápida su urbanización, mayor era el objetivo para tales desarrollos. ¿No fue la invención de la espita manual de cerveza, conocida por cualquier bebedor inglés, uno de los primeros triunfos de Henry Maudslay, uno de los grandes pioneros de la ingeniería?“
HOBSBAWM, Eric J. Las revoluciones burguesas Ed. Guadarrama, 2 vols., 3ª ed., Madrid 1974, pp. 572. (t. o.: The Age of Revolution. Europe 1789-1848)
2
“La guerra —y especialmente aquella organización de clases medias fuertemente mentalizada por el comercio: la flota británica —contribuyó aún más directamente a la innovación tecnológica y a la industrialización. Sus demandas no eran despreciables: el tonelaje de la flota pasó de 100.000 toneladas en 1685 a unas 325.000 en 1760, y también aumentó considerablemente la demanda de cañones, aunque no de un modo tan espectacular. La guerra era, por supuesto, el mayor consumidor de hierro, y el tamaño de empresas como Wilkinson, Walkers y Carron Works obedecía en buena parte a contratos gubernamentales para la fabricación de cañones, en tanto que la industria de hierro de Gales del Sur dependía también de las batallas. Los contratos del gobierno, o los de aquellas grandes entidades cuasi gubernamentales como la Compañía de las Indias Orientales, cubrían partidas sustanciosas que debían servirse a tiempo. Valía la pena para cualquier negociante la introducción de métodos revolucionarios con tal de satisfacer los pedidos de semejantes contratos. Fueron muchos los inventores o empresarios estimulados por aquel lucrativo porvenir. Henry Cort, que revolucionó la manufactura del hierro, era en la década de 1760 agente de la flota, deseoso de mejorar la calidad del producto británico “para suministrar hierro a la flota”. 12 Henry Maudslay pionero de las máquinas-herramienta, inició su carrera comercial en el arsenal de Woolwich y sus caudales (al igual que los del gran ingeniero Mark Isambard Brunel, que había prestado servicio en la flota francesa) estuvieron estrechamente vinculados a los contratos navales.“
HOBSBAWM, Eric J. Las revoluciones burguesas Ed. Guadarrama, 2 vols., 3ª ed., Madrid 1974, pp. 572. (t. o.: The Age of Revolution. Europe 1789-1848)
3
“La visión que tiene un escritor como Dickens sobre esa ciudad industrial es muy negativa. En ese sentido, podríamos señalar 2 aspectos típicos de la construcción de aquel tiempo, como por ejemplo la composición por repetición indefinida de elementos iguales o la confusión entre la tipología de la edificación. Ahora nos encontramos con un nuevo tipo de ciudad; si en épocas anteriores la ciudad era una cosa limitada, mensurada y relativamente inmóvil, ahora se verá inmersa en un conjunto de imprevistas transformaciones. En el pasado, el ritmo de la vida de una ciudad se presentaba más lento que el ritmo de la vida humana y los hombres tenían en la ciudad un punto de referencia; pero ahora aquel punto de apoyo se desploma porque la ciudad es un elemento demasiado amplio y que cambia muy rápidamente.
Mientras los escritores reflejan la desolación de esas ciudades industriales, el grupo de los ingenieros e higienistas también fija sus ojos en esas ciudades, pero lo hacen con otros fines que son intervenir en esas ciudades y tratar de cambiarlas o mejorarlas en lo posible. Pero detrás de la actividad de los ingenieros e higienistas, hay una larga historia de oposición por parte de grupos de propietarios de casas y terrenos, por parte de los liberales, por parte de los conservadores, etc.”
BENÉVOLO, Leonardo. Historia de la arquitectura moderna. Gustavo Gili, España.1975
4
“El descontento de la sociedad del s. XIX por la ciudad contemporánea encuentra un nuevo motivo de crítica al llegar el desorden y la vulgaridad de la producción industrial a tocar los objetos de uso común y cotidianos empleados en la vida diaria. Nacerá así un movimiento que trata de mejorar la forma y el carácter de todos esos objetos. Una de las consecuencias de la revolución industrial es la separación entre las denominadas “ artes aplicadas “ y las artes mayores. Los que se consideran “ artistas “, van trabajando en un campo cada vez más reducido y dominado por objetos poco vinculados al uso cotidiano y que se consideran como arte puro. Todo lo demás, como los objetos de uso cotidiano y producidos en serie por la industria escapan a su control y quedarán en manos de una serie de diseñadores que trabajan dominados por intereses comerciales.
Antiguamente la producción de valor podía distinguirse de la corriente por su excelencia formal y por algunas otras cualidades como la riqueza del diseño, la precisión de la ejecución; la complicación del diseño no será ningún obstáculo desde el momento en el que un troquel puede producir un número indefinido de piezas; por otro lado, la precisión con la que acaban los objetos las máquinas es notablemente superior a la que puede darle cualquier artesano.
Por último, la industria logrará imitar los materiales más diversos por medio de ingeniosos procedimientos. Por tanto, parece que han desaparecido los factores que diferenciaban la producción industrial y la artesanal quedando como valor fundamental de esta última el valor “ artístico puro “ que sólo los entendidos pueden apreciar.”
BENÉVOLO, Leonardo. Historia de la arquitectura moderna. Gustavo Gili, España.1975
5
“El vapor trabajaba con más eficacia en grandes unidades concentradas, al no estar las diversas partes de la fábrica a más de medio kilómetro del centro enérgético: cada máquina de hilar o cada telar tenía que sacar energía de las correas y los ejes de transmisión accionados por la máquina de vapor central. Cuanto más unidades había en un punto determinado, más eficaz resultaba la fuente de energía y de aquí la tendencia al gigantismo. Las grandes fábricas, como las que se desarrollaron en Manchester y New Hampshire a partir de la década de 1820 —reiteradas en New Bedford y Fall River—, podían utilizar los instrumentos más nuevos para la producción de energía, en tanto que las fábricas más pequeñas se hallaban en una situación de desventaja. Una sola fábrica podría emplear doscientos cincuenta operarios. Una docena de fábricas de estas dimensiones, con todos los instrumentos y servicios necesarios, constituía ya el núcleo de una población considerable.”
“La utilización de la máquina de vapor de Walt como generadora de energía cambió todo esto; en particular, modificó la escala e izo posible una concentración mucho más densa de industrias así como de trabajadores, en tanto que apartaba más al propio trabajador de esa base rural que le daba al habitante del cottage una fuente complementaria de víveres y cierto toque de independencia. El nuevo combustible aumentó la importancia de las minas de carbón y fomentó la industria allí o en lugares accesibles por canales o vías férreas.”
 MUMFORD Lewis. La Ciudad en la Historia, Sus orígenes, transformaciones y perspectivas. Buenos Aires: Infinito, 2 vols., 1966. Trad. de Enrique Luis Revol.
6
“Si la fábrica movida por el vapor y productora para el mercado mundial fue el primer factor que tendía a aumentar la superficie de congestión urbana, después de 1830 el nuevo sistema de transporte ferroviario contribuyó, por otra parte, considerablemente a ella.
La energía estaba concentrada en las minas de carbón. Allí donde se podía extraer carbón u obtenerlo mediante medios baratos de transporte, la industria estaba en condiciones de producir regularmente durante todo el año sin paros causados por falta de energía, debido a la estación. En un sistema de negocios basado en contratos y pagos a fecha fija, esta regularidad resultaba sumamente importante. De este modo el carbón y el hierro ejercían una fuerza de gravitación sobre muchas industrias auxiliares y secundarias; primeramente, a través de los canales y, después de 1830, a través de los nuevos ferrocarriles. La conexión directa con las zonas mineras constituía una condición primordial para la concentración urbana. Hasta nuestros propios días el principal artículo de consumo transportado por los ferrocarriles ha sido el carbón para calefacción y energía.”
MUMFORD Lewis. La Ciudad en la Historia, Sus orígenes, transformaciones y perspectivas. Buenos Aires: Infinito, 2 vols., 1966. Trad. de Enrique Luis Revol.
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“Los principales elementos integrantes del nuevo complejo urbano fueron la fábrica, el ferrocarril y el tugurio. Por sí solos constituían la ciudad industrial, expresión esta que simplemente sirve para describir el hecho de que más de dos mil personas estaban congregadas en un punto que podía designarse con un nombre propio. Estos coágulos urbanos podían dilatarse cien veces, cosa que sucedió, sin adquirir más que una sombra de las instituciones que caracterizan a la ciudad en el sentido sociológico maduro, es decir, un lugar donde está concentrado el legado social y el que las posibilidades de contacto e interrelación social continua elevan a un potencial más alto todas las actividades complejas de los hombres. Excepto en forma disminuidas y residuales, faltaban allí incluso los órganos característicos de la ciudad de la Edad de Piedra.
La fábrica se convirtió en el núcleo del nuevo organismo urbano. Todos los demás elementos de la vida estaban supeditados a ella. Incluso los servicios públicos, como, por ejemplo, la provisión de agua, y el mínimo de oficinas gubernamentales que era necesario para la existencia de una ciudad, se incorporaron a menudo tardíamente, a menos que hubieran sido establecidos por una generación anterior. Así, no sólo el arte y la religión eran considerados por los utilitarios como meras decoraciones; durante largo tiempo permaneció en la misma categoría la administración política inteligente. En el arrebato inicial de la explotación no se previó nada en materia de policía y protección contra incendios, inspección de servicios de agua y de alimentos, de atención hospitalaria o enseñanza.”
MUMFORD Lewis. La Ciudad en la Historia, Sus orígenes, transformaciones y perspectivas. Buenos Aires: Infinito, 2 vols., 1966. Trad. de Enrique Luis Revol.

Para los que les gusta el cine van algunas recomendaciones para ver sobre el tema

Europa durante la Revolución Industrial

A veces las películas nos hablan tanto de la sociedad que las ha realizado como del hecho histórico que intentan evocar” (Pierre Sorlin).

Relaciones Peligrosas (1988)(Título original: Dangerous Liaisons)
Género: Drama
Excelente adaptación de la novela de Choderlos de Laclos, acerca del eterno y universal poder manipulador del sexo, en los círculos aristocráticos franceses del siglo XVIII. Con Glenn Close, John Malkovich y Michelle Pfeiffer en un inmejorable trío interpretativo. La perversa y fascinante Marquesa de Merteuil (Glenn Close) planea vengarse de su último amante, con la ayuda de su viejo amigo, el Vizconde de Valmont (John Malkovich), tan amoral y depravado como ella. Una virtuosa mujer casada, Madame de Tourvel (Michelle Pfeiffer), de la que Valmont se enamora, se verá involucrada en las insidiosas maquinaciones de la Marquesa. Ganadora de tres Oscar en 1988: mejor guión adaptado (Christopher Hampton), mejor vestuario y mejor decoración. Michelle Pfeiffer yChristopher Hampton fueron premiados por la Academia Británica de cine (BAFTA). César a la mejor película extranjera.

"Barry Lyndon"Es una película dirigida por Stanley Kubrick en 1975, y protagonizada por Ryan O'Neal y Marisa Berenson. Está basada en la novela del mismo título de William Makepeace Thackeray. Ganó cuatro Premios Oscar, a la mejor dirección artística, a la mejor fotografía, al mejor vestuario y a la mejor música, y fue nominada a tres, a la mejor película, al mejor director y al mejor guión adaptado.
Rodada enteramente en decorados de época (sobresaliendo el Castle Howard) y en luz natural (con velas en las escenas nocturnas o de interior), esta película presenta una fotografía excepcional, auténtica proeza técnica que le confiere una estética más bien sombría y muy particular, en el tono de la historia y las pinturas de la época. El espectador se encuentra de esta forma imbuido en la intimidad de los personajes, tal y como pretendía Kubrick, que quería realizar un documental que se desarrollara durante el siglo XVIII.

Todas las mañanas del mundo (1991)
Título Original: Tous les matins du monde (Francia)
Director: Alain Corneau
Intérpretes: Gerard Depardieu, Jean Pierre Marielle, Anne Brochet, Guillaume Depardieu
Descripción: Sainte Colombe es un maestro y virtuso de la viola. Gusta de la soledad y el retiro, pero su principal alumno, Marin Marais sólo ambiciona la fama, lo que llevará al enfrentamiento entre ambos artistas

La kermesse heroica
TITULO ORIGINAL La kermesse héroique
AÑO 1935
DURACIÓN 115 min.
DIRECTOR Jacques Feyder
GUIÓN Jacques Feyder & Charles Spaak
MÚSICA Louis Beydts
FOTOGRAFÍA Harry Stradling, Louis Page, André Thomas (B&W)
REPARTO Françoise Rosay, Jean Murat, Louis Jouvet, Micheline Cheirel, Lyne Clévers, Alfred Adam
Drama / Pequeña joya del cine francés del periodo entreguerras, narra la historia de una pequeña ciudad burguesa de Flandes invadida por los españoles en el siglo XVII. Las mujeres de la localidad, ante la cobarde reacción de sus acomodados maridos, deciden preparar una espléndida fiesta de bienvenida a los temibles soldados españoles.

Amadeus
Es una película estadounidense del año 1984 dirigida por Milos Forman, donde se narra la vida del compositor austriaco Wolfgang Amadeus Mozart desde el punto de vista de su más conocido enemigo, el también compositor Antonio Salieri. La película está basada en el guión escrito por Peter Shaffer, basado en su propia obra de teatro "Amadeus".
Premios Oscar [editar]Categoría Persona Resultado
Mejor película Ganadora
Mejor director Miloš Forman Ganador
Mejor actor F. Murray Abraham Ganador
Mejor actor Tom Hulce Candidato
Mejor guión adaptado Peter Shaffer Ganador
Mejor fotografía Miroslav Ondrícek Candidato
Mejor montaje Nena Danevic,Michael Chandler Candidatos
Mejor dirección artística Patrizia Von Brandenstein, Karel Cerny Ganadores
Mejor diseño de vestuario Theodor Pistek Ganador
Mejor maquillaje Paul LeBlanc, Dick Smith Ganadores
Mejor sonido Mark Berger, Tom Scout. Todd Boekelheide ,Chris Newman Ganadores

OLIVER TWIST

Titulo original: Oliver Twist
Director : David Lean
Interpretes :: Alec Guinness, Robert Newton, Kay Walsh, Francis L. Sullivan, Henry Stephenson, Mary Clare, Anthony Newley, Josephine Stuart

Oliver Twist (Barney Clark), así como el resto de los chicos del orfanato, se están muriendo de hambre y deciden jugarse quién de ellos pedirá más comida. Oliver es el elegido. En la cena de esa noche, después de su ración normal, Oliver se dirige al director del orfanato y le pide más comida.
Tachado de ser problemático por Sr Bumble(Jeremy Swift), el bedel y por el director, Oliver es ofrecido como aprendiz a cualquiera que lo quiera contratar. Tras ser condenado a limpiar chimeneas, Oliver se convierte en aprendiz del enterrador Sowerberry(Michael Heat). Pero Oliver se pelea con uno de los chicos del enterrador, y decide escapar e irse a Londres.
En las afueras de la ciudad, cansado y hambriento, Oliver conoce a Artful Dodger (Harry Eden), quien le ofrece un lugar donde hospedarse en Londres. Lleno de inocencia, Oliver se ve inmerso en el mundo del hampa de Londres e ignorando sus tareas reales, se encuentra en medio de una banda de chicos carteristas dirigida por el malvado Fagin (Ben Kingsley).
PARA VER INDUMENTARIA
Vistiendo a “Oliver Twist”
La diseñadora de vestuario polaca Anna Sheppard, quien se ha establecido internacionalmente con películas como Schindler’s List y la más reciente The Pianist, fue la primera opción de Roman Polanski para diseñar los importantes vestuarios de su nueva versión del clásico de Charles Dickens, Oliver Twist. Sheppard entendió inmediatamente que ésta era una película muy personal para Polanski, y que el director sería muy específico acerca de lo que querría. Ella ofrece algo acerca de lo mucho que usó Polanski sus memorias de su inusual niñez para hacer su versión de Oliver Twist: “Roman increíblemente sensible cuando se trata del vestuario. Algunas veces, yo estaba satisfecha con el resultado obtenido pero él sentía que algo faltaba. Bueno, Roman me mandó llamar para hablar de los zapatos que le dio Fagin a Oliver. Él dijo: ‘Cuando era un niño de su edad y la guerra terminó, no pude encontrar zapatos de mi talla. Una persona me dio unos zapatos de adulto. Así que puse los pantalones dentro del zapato.’ Y él quería la misma imagen para Oliver. Así es como él esbozó desde su experiencia personal y memoria el aspecto de Oliver. Así que Oliver tiene unos zapatos como cuatro tallas por arriba de su pie.” Como hay muchos personajes dramáticos en Oliver Twist, con diferentes grados de tiempo en pantalla, era importante que la esencia de un personaje se adquiriera rápido y se gravara en la mente del espectador. “No puedes agregar nada al personaje durante la película, de manera que tenían que tener una distinción inmediata,” comenta Sheppard. “Roman quería ropa no vestuario. Esto por supuesto es un poco contradictorio, y fue difícil para mi dividir mi forma de trabajo entre los personajes que se tienen que distinguir en cada detalle y vestir a una multitud que debía verse natural y realmente victoriana.” Para conseguir el efecto correcto, Sheppard finalmente optó por hacer todo el vestuario de los personajes principales y de los niños a partir de bosquejos, porque los colores y las texturas correctos no existían. “Ese fue el mayor reto para mi cuando empecé la película. Tenía a los personajes principales en mi cabeza desde el principio, sólo era necesario encontrar la tela, teñirla, corte y confeccionarla, avejentarla, encontrar los pequeños detalles como la joyería, botones, etc. Esa fue la parte agradable. Pero con una gran escena como la de la Casa de Trabajo – donde nadie había utilizado una multitud tan grande en las películas anteriores de Oliver – tuvimos que hacer la secuencia completa desde bosquejos en la Republica Checa. Las telas llegaron de todos lados – Italia, Londres, Praga – y en una pequeña habitación al fondo de un gran espacio lleno de vestuario teníamos un pequeño lugar para el teñido. Todo el mundo trabajó muy duro y todo el vestuario de más de 100 niños fue creado en cuatro semanas.” Oliver debía tener dos diferentes vestuarios, el pobre y el rico. El vestuario de rico fue fácil de hacer – comenta Sheppard, “es sólo cuestión de encontrar un buen sastre que haga los trajes perfectamente” – pero con la ropa de los pobres, las opciones eran interminables. “Hicimos diferentes formas y diferentes proporciones entre el largo de la chaqueta y el de los pantalones, pensamos en el tamaño de los zapatos y en qué tan desgastada debía estar la ropa. Después hay un vestuario que le regala Fagin. Los niños de Fagin eran más extravagantes en comparación con los de la Casa de Trabajo. Ellos estaban como uniformados con telas muy pobres. Y eso fue difícil.” Continúa Sheppard, “Roman quería algo con lo que Barney se sintiera cómodo, y que no lo restringiera de ninguna manera para que no pensara que estaba usando vestuario en vez de la ropa del diario. Creo que lo conseguí.” El joven Barney Clark está de acuerdo. “Debo de decir que los harapos son muy cómodos, más cómodos que la ropa de clase. Éstas son muy ajustadas. Utilicé tirantes con un pequeño chaleco y una chaqueta.” Sheppard agrega, “Barney quería que le donara la ropa de pobre para que se la quedara. Él no quería el hermoso vestuario, el quería los harapos.” Otro enorme trabajo fue encontrar la ropa adecuada para los extras en las escenas de muchedumbre. Afortunadamente, la experiencia de Sheppard en las escenas de época ayudaron mucho. “Londres es una fuente increíble para encontrar vestuario inglés de ese periodo. Éstos provinieron de tres importantes casas de vestuario y no fueron muy difíciles de conseguir, con la excepción de que yo quería colores específicos. Eliminé ciertos colores por completo, lo que dificultó conseguir mil vestuarios requeridos para los extras, de mantera que tuvimos que importar los que faltaban de Viena.” Cuando llegó el momento de vestir a Nancy, Shepard se encontró un vestido original de la época, pero tenía sus inconvenientes. “La gente en el Siglo XIX era más pequeña. Las mujeres tenían una cintura de 22 pulgadas. Me pregunto quien entraría en ese vestido. Junto llegó Leanne Rowe, quien es pequeña, se puso su corsé y le quedó el vestido. Ella hizo su prueba de pantalla en ese vestido, de manera que lo considera su vestido de la suerte.” El vestido rojo de Nancy – su vestido de prostituta – fue mas difícil de encontrar. Es muy difícil hacer que alguien tan joven, bonita y delgada se vea vulgar. Todas la otras actrices que hicieron el papel de Nancy en el cine eran mayores –Leanne tiene 22 años – y convertirla en una pequeña prostituta fue muy difícil. Pero lo conseguimos. Se veía muy desgastado pero tenía una bella tafetán que capta la luz bellamente y enaltece su belleza - añadiendo colorido a su cabello pelirrojo y a su maquillaje. Quería que ella tuviese un vestido que alguna vez hubiera sido magnífico pero que ahora fuera un vejestorio, como si ella quizá lo hubiera comprado de segunda mano a alguno de esos puestos callejeros victorianos. Me tomó tres meses crearlo.” Sheppard ya sabía que Ben Kingsley interpretaría a Fagin cuando empezó a considerar su vestuario, y ya habiendo trabajado con el actor en Schindler’s List, ella sabia que la ropa era muy importante para él. Cuando Kingsley contó una aneadota de la infancia – su fascinación con el propietario de una tienda de segunda mano de Manchester que vestía con un abrigo unido por un cordel – el vestuario de Fagin se volvió una tarea fácil. “Creo que Ben quería que Fagin fuese creado por la imaginación de un niño,” comenta Shepard. “Cómo ven a este distinguido personaje que es bueno y malo a la vez.” La otra pieza clave fue mantener la consistencia de la apariencia. Agrega Sheppard; “Él nunca se cambia el vestuario, lo único que se quita es el sombrero. Fue idea de Ben permanecer con el mismo vestuario, como Santa Claus, el buen personaje. Yo quería ser este personaje malvado que es consistente durante la película para que los niños me recuerden como me veo ahora.” Sheppard nota que incluso un personaje como el compinche criminal de Bill Sykes, Toby Crackit – colorido, extravagante, con botas altas y un largo abrigo – nunca cambia su apariencia, y esa consistencia es “uno de los pequeños secretos de la película. Una vez creado el personaje, lo mantenemos siempre igual, no hay error. Al ver a alguien a la distancia como una silueta, reconocemos quien es.”
Mas datos de época en http://movies.filmax.com/olivertwist/

Cine y Revolución Francesa
NAPOLEON
Director: Abel Gance
Año: 1927
Albert Dieudonné, Edmon Van Daele

DANTON
Director: Andrzej Wajda
Año: 1982
Gerard Depardieu, Wojciech Pszoniak

VIEJOS SON LOS TRAPOS


INDUMENTARIA Y TEXTILES



El periodo revolucionario


Hasta finales de siglo no comenzó a variar el aspecto uniforme de los vestidos. En Francia (abocada a la revolución) la moda se hizo más rígida, más sofisticada y formalista. En Inglaterra, que se dirigía hacia un cambio social más ordenado y un desarrollo industrial explosivo, la moda cambió su tendencia normal y los dictadores de la moda se decidieron por el atuendo más práctico de las clases obreras. Mientras los franceses lucían rígidos brocados, los ingleses adoptaron los tejidos de lana y algodón.

A raíz de la Revolución Francesa se produjeron dos cambios radicales en la moda europea; así, la vestimenta se convirtió en objeto de propaganda ideológica de la nueva era. En el hombre se volvieron a imponer los pantalones después de 600 años; los revolucionarios adoptaron la vestimenta de las clases bajas en lugar de las medias y los calzones usados por la nobleza. Este traje revolucionario, que evolucionaría hasta llegar a ser el estilo ciudadano durante el siglo XIX, se componía de una casaca llamada carmagnole, un pantalón largo llamado sans-culotte, una escarapela tricolor, el gorro frigio y unos zuecos.
En la mujer hubo una vuelta consciente hacia lo que se consideraba el estilo griego clásico. Desaparecieron durante un par de décadas los corsés, los guardainfantes y las armaduras, que fueron sustituidos por tejidos ligeros de aspecto natural, cinturas altas, brazos desnudos y corpiños cortos. Sin embargo, a causa del caótico clima social que se vivía, aparecieron durante el periodo del Directorio tendencias absolutamente radicales o frívolas, como es el caso de los llamados incroyables, hombres que llevaban cuellos altísimos, grandes solapas, corbatas muy anchas, chalecos de colores estridentes y calzones. La exageración también estuvo presente en la moda femenina: las merveilleuses se vestían con tejidos finísimos, casi transparentes. A pesar del miedo a la Revolución que existía en otros países europeos, la moda francesa logró imponerse y afianzarse. Sedas, encajes y brocados desaparecieron del atuendo masculino y, durante un tiempo, también del femenino.

El siglo XIX

Durante el siglo XIX la vestimenta varió sus modos de producción. En su primera mitad apareció la mecanización en los procesos de estampación y también se produjeron una serie de mejoras en las máquinas de hilatura y tejeduría. En 1851 Isaac Merrit Singer modernizó las máquinas de coser, y en 1856 William Henry Perkin obtuvo la anilina, el primer tinte sintético. Además este siglo fue testigo del nacimiento de la confección tal y como se entiende hoy en día, a gran escala, y de la alta costura, creada por Charles Frederick Worth en 1856, año en que abrió su maison en París, en la que presentaba sus colecciones de temporada.
La primera mitad del siglo
A principios del siglo XIX, durante el Imperio napoleónico, se produjo una vuelta al formalismo y a lo recargado, aunque la moda no varió mucho. El vestido femenino presentaba una cintura excesivamente alta, y pretendía imitar las formas de la Grecia y la Roma antiguas. Se trataba de sencillos vestidos realizados en algodón, muselina, gasa o percal, que no necesitaban corsés o guardainfantes, y que se acompañaban con chales o boleros, muchos de ellos de cachemira, un tipo de tejido importado que supuso una durísima competencia para las sedas de Lyon. La restauración de la monarquía francesa en 1814 produjo una reacción en la moda femenina que trajo de nuevo los corsés, las crinolinas y las armaduras; a partir de la década de 1820 bajó el talle de la cintura, y surgieron las mangas de pernil (ahuecadas desde el hombro hasta el codo y muy estrechas en la muñeca).
En este momento, la moda femenina era dictada por Francia, mientras que en Inglaterra se decidían las tendencias masculinas; Inglaterra contaba además con una maquinaria textil superior, una avanzada industria de la lana y unos sastres más refinados. En cualquier caso, sería la burguesía la que marcaría estas tendencias.
La segunda mitad del siglo
En la década de 1850 surgieron los grandes almacenes, donde se comercializaban productos a precios más asequibles; también las revistas de moda comenzaron a desempeñar un papel importante en el desarrollo de la vestimenta; por último, la evolución de los transportes, con el consecuente crecimiento de las exportaciones, logró una democratización en el vestir.
A comienzos de la década de 1850 surgió el miriñaque, una enagua con aros metálicos (lo más habitual eran los hilos de acero), que sustituyó a la antigua crinolina, realizada con crin de caballo. De este modo las faldas se ensancharon enormemente, y dieron paso, una década después, al polisón. En este caso se trataba de una prenda también interior que realzaba el volumen en la parte trasera de la falda, que se rellenaba con materiales de distintos tipos. La industria de la ropa interior evolucionó notablemente, llegando a la creación del brassiére, el prototipo del moderno sujetador.
A finales del siglo XVIII, los cambios políticos (Revolución Francesa de 1789), estéticos (neoclasicismo) e higiénicos (nuevas teorías higienistas) conducen a la supresión del corsé del cuerpo de la mujer. El vestido consiste en una sola pieza con la cintura alta bajo el pecho, de tejido ligero, generalmente batista de algodón decorada con bordados. El vestido de hombre se simplifica: está formado por frac, chaleco y pantalones ajustados; los colores del frac son oscuros y sólo se permiten decoraciones en el chaleco.
Bajo la influencia del imperio napoleónico (1804) se recuperan los tejidos pesados de seda para el vestido femenino. La forma en línea recta se mantiene, pero se recupera el uso del corsé. La cintura se irá bajando cada vez más hasta hacerla regresar a su lugar natural hacia 1830. El vestido se separa en cuerpo y falda otra vez, y esta última pieza se ensancha, al igual que las mangas, acampanadas al estilo romántico.
La estampación progresa desde el punto de vista técnico y produce diseños propios. Hay temas florales para el vestido, historiados para el tejido destinado a tapizar y de la actualidad política para los pañuelos conmemorativos. La técnica de estampado con tampón convive con la de la plancha de cobre y la máquina de rodillos.
En 1804, Jacquard sintetiza un sistema de tejer al mecanizar el telar de lazos con la máquina que lleva su nombre, aunque el invento no se llevará a la práctica hasta, como mínimo, 1816
Con la Revolución Industrial, la producción de tejidos se vuelve más abundante y rápida y, con tal de incrementar el consumo y favorecer a la industria, las telas y los vestidos cambian más a menudo. De aquí vienen los cambios cada vez más frecuentes de la moda, potenciados por las muñecas maniquíes y la gran difusión de las revistas especializadas. Aparecen, por un lado, la alta costura y el couturier, que es la versión del artista individualista en el campo de la moda; el primero fue Charles Frederick Worth, que presentó su primera colección en 1857 en París. Por otro, surge cierta confección seriada especializada —accesorios, corsetería— que se vende en grandes almacenes de confección. Dos caminos distintos para difundir la moda, especialmente la de mujer, escaparate del poder económico de la burguesía.
El cuerpo femenino será moldeado por los frecuentes cambios de la moda. De las amplias faldas sostenidas por la crinolina (1840-1860), se pasa a los vestidos rectos y estrechos de estilo tapicero (1860), y después al polisón (1870-1880) y a las faldas en forma de corola del primer modernismo (1890-1900). En 1886, el modisto inglés Redfern crea el vestido sastre, inicio de la búsqueda de la comodidad en la indumentaria de mujer.
El vestido de hombre está formato por levita, chaleco y pantalón de lana de colores discretos, de formas simples y con pocas variaciones.
Pese a la aparición del encaje mecánico debido a la aplicación de la máquina Jacquard al telar de tul, los encajes manuales, especialmente la blonda, el chantillí y los encajes belgas se continúan empleando para mantillas, chales y abanicos.
En 1894, el conde de Chardonnet obtiene el rayón, la primera fibra artificial.

CAMBIOS


DE LA PRIMERA A LA SEGUNDA REVOLUClÓN INDUSTRIAL




Hasta mediados del siglo XIX, la mayoría de la población europea estaba formada por campesinos. En los Estados Unidos, la agricultura predomina hasta el triunfo del norte industrialista sobre el sur agrario y esclavista, en la guerra civil.
La lentitud con que se propagaban los cambios impulsados por la Revolución Industrial llevó a que la economía mundial siguiera sometida a los viejos ritmos impuestos por las buenas y las malas cosechas. La crisis económica que se desata entre 1846 y 1848 fue, quizás, la última crisis cuyas causas fueron predominantemente agrarias.
En el ámbito de las comunicaciones, se dieron profundos cambios. George Stephenson inventó la locomotora en 1814 y, luego de años de pruebas, se realizó en 1825 el primer viaje en un tren de pasajeros entre las ciudades inglesas de Stockton y Darlington. A partir de entonces, el parlamento inglés comenzó a aprobar la instalación de miles de kilómetros de vías férreas. La más importante fue la que unió los centros industriales de Liverpool y Manchester.
El tren revolucionó la circulación de mercaderías. Mientras que un carro tirado por caballos o mulas podía llevar hasta una tonelada de mercadería, los trenes podían trasladar más de mil. Esto abarató los costos y amplió los mercados.
También, por esta época se duplicó la capacidad de los barcos para transportar cargas y se redujo notablemente el tiempo necesario para cruzar el Atlántico. En 1838, el "Sirius" y el "Great Western" fueron los primeros barcos de vapor en cruzar el océano. La misma travesía que en 1820 llevaba unas ocho semanas, a fin de ,siglo solo demandaba una.
Otro adelanto de gran importancia fue el telégrafo. Hacia fines del siglo XVIII se implementó un telégrafo visual a partir del uso de distintos colores. Este invento tenía grandes limitaciones de alcance y visibilidad. Los problemas fueron superados en 1837, cuando Samuel Morse ideó un código que lleva su nombre, y que permitiría, en muy poco tiempo, transmitir textos completos a través de un sistema de circuitos eléctricos. En 1866, se tendió un cable telegráfico interoceánico entre Inglaterra y los Estados Unidos. Años más tarde, el italiano Guglielmo Marconi completó las investigaciones de Heinrich Hertz sobre la transmisión telegráfica, a través de las ondas eléctricas de la atmósfera, y concretó la invención del telégrafo inalámbrico.
En 1876, Alexander Graham Bell inventó el teléfono, revolucionando el mundo de las comunicaciones. Aunque su difusión fue muy lenta y limitada, en un principio, a las ciudades más importantes de los países centrales.
En 1895, dos hermanos franceses, los Lumiére, descubrieron que tomando varias fotos sucesivas y proyectándolas a una cierta velocidad, se producía la imagen del movimiento en el espectador. Inventaron una cámara especial que registraba estas imágenes y que, a la vez, servía como proyector. Habían inventado el cine. Las primeras películas de los Lumiére reflejan escenas de su familia, la salida de obreras de una fábrica, la llegada de un tren y la primera película còmica: El regador regado. Casi todas duraban menos de un minuto.
Todos estos adelantos mejoraron paulatinamente la calidad de vida de una población que fue creciendo al ritmo de estos cambios. Aumentó la natalidad y disminuyeron los índices de mortalidad. En 1800, la población europea era de unos 190 millones de personas. En 1900, esa cifra se había duplicado; a pesar de los millones de europeos que habían emigrado hacia las llamadas "zonas nuevas", como Australia y la Argentina.
Los países de mayor industrialización registraron un mayor aumento de la población. Entre 1850 y 1890, Gran Bretaña pasó de 21 millones a 33; Alemania de 34 a casi 50; Bélgica de 4 a 6. En cambio, en los países con menor desarrollo industrial, el aumento demográfico fue menor. Francia pasó de 36 a 38 millones y España, de 15,7 a 17,6.

LA SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

Hacia la década del 60, una palabra hasta entonces poco empleada comenzó a difundirse en el vocabulario económico y político de la época: capitalismo. Para la consolidación del capitalismo industrial, fue muy importante la alianza del mundo industrial con el financiero. Los capitalistas industriales necesitaban recursos económicos para instalar nuevas empresas, líneas ferroviarias o construir buques. Los dueños de las fábricas y los constructores de trenes y barcos debían recurrir a los banqueros para poder concretar sus negocios. Los financistas fueron haciéndose imprescindibles y dominaron el mercado, al que le dieron un nuevo impulso. A partir de 1870, comenzaron a producirse una serie de cambios en la industria, tan importantes, que la mayoría de los historiadores hablan de una segunda revolución industrial. A diferencia de la primera, esta segunda revolución fue el resultado de la unión entre la ciencia, la técnica y el capital financiero. Así como en la primera, el elemento determinante fue el vapor; en la segunda, una serie de inventos marcaron su desarrollo. La electricidad, empleada desde mediados de siglo en el telégrafo, pudo ser usada en la producción. En 1867, Werner Siemens aplicó el dínamo un aparato que permitía producir electricidad a la industria.
En 1879, Thomas Alva Edison fabrica la primera lámpara eléctrica y la transformó en un producto industrial de su propia fábrica: la Edison Company, conocida después como Gen ral Electric Company, la primera empresa mundial de electricidad.
El petróleo y sus derivados fueron los comhustibles de esta Segunda Revolución Industrial y el acero, la materia prima. Un ejemplo del auge del acero fue la construcción en París del edificio más alto de la época: la torre Eiffel en ocasión de la Feria Universal de París de 1889, durante los festejos del centenario de la Revolución Francesa. Las industrias siderurgias y de hierro demandaban todo tipo de metales, lo que dinamizó la minería.

LOS TRUSTS

Los grandes capitales financieros estaban concentrados en pocas manos y esta tendencia se extendió a la industria. Así, comenzaron a formarse los trusts (agrupación de empresas). Su objetivo era controlar todo un sector de la economía, constituyendo verdaderos monopolios (ver Vocabulario), lo que sometía al consumidor a aceptar las reglas y los precios de esa empresa. La meta era aumentar las ganancias dominando el mercado y eliminando la competencia. Esto iba en contra de los postulados básicos del liberalismo, en los que se decía que la competencia era la clave para la regularización de los precios y para mejorar la calidad. Los trusts tendieron a monopolizar la producción y la comercialización de un determinado producto en una ciudad, un país o en varios países a la vez.
Fueron muy comunes en los Estados Unidos. Allí el más importante fue el que formó David Rockefeller con su empresa Standarld Oil Company de Ohio que controlaba el 90% de la producción y comercialización del petróleo en ese país en 1880.

TAYLORISMO Y FORDISMO

Los dueños de las fábricas buscaban la manera de bajar sus costos y aumentar las ganancias, y encontraron en las ideas del ingeniero estadounidense Frederick Taylor una ayuda invalorable. Algunos llamaron a este método "organización científica del trabajo" y otros, simplemente taylorismo. El método de Taylor consistía en calcular el tiempo promedio para producir un determinado producto o una parte de él y obligar al obrero a acelerar el ritmo de trabajo asimilándolo a una máquina. Esto se lograba a través de tres métodos fundamentales: 1) aislando a cada trabajador del resto de sus compañeros bajo el estricto control del personal directivo de la empresa, que le indicaba qué tenía que hacer y en cuanto tiempo; 2) haciendo que cada trabajador produjera una parte del producto, perdiendo la idea de totalidad y automatizando su trabajo y por último, 3) pagando distintos salarios a cada obrero de acuerdo con la cantidad de piezas producidas o con su rendimiento laboral. Esto fomentaba la competencia entre los propios compañeros y aceleraba, aun más, los ritmos de producción.
La máquina establecía la intensidad del trabajo y, a su vez, cada obrero requería saber menos, pues para realizar una tarea mecánica y rutinaria (ajustar un tornillo, por ejemplo), lo único que necesitaba saber era obedecer. De esa forma, el empresario ya no dependía ni de la buena voluntad del trabajador para realizar su tarea eficazmente (la máquina le marcaba el ritmo) ni de sus conocimientos. El obrero era, según Taylor, un buen "gorila amaestrado" que hacía lo que otro había pensado y, al mismo tiempo siguiendo el esquema de Adam Smith, producía más en menos tiempo, pues reducía el costo y aumentaba la ganancia .
Una de las primeras empresas que aplicó los métodos de Taylor fue la Ford Motors Company, de Detroit. Allí se puso en práctica la "cadena de montaje", una cinta transportadora que movía las piezas para que los obreros trabajaran sobre ellas en un tiempo determinado y en una actividad. Al final de la cadena el auto quedaba terminado. A este novedoso modo de producir se lo llamó: fordismo.