jueves, 14 de abril de 2016

Persas


La vestimenta de los persas, que tomaron importancia histórica a mediados del siglo VI antes de J. C., estaba basada en la de los asirios y los babilonios, con algunos elementos propios.
La prenda típica era el "candys", especie de túnica de lana hilo o seda importada del Lejano Oriente, que se adaptaba al cuerpo y tenia mangas amplias. El gran rey y los sátrapas o gobernadores vestían solamente el "candys" y el del monarca era de púrpura. Generalmente usaba la saya o túnica amplia sostenida con un cinturón. Por primera vez en la historia de la humanidad, aparece el uso de la ropa interior. Los persas fueron los creadores del bordado de aplicación, técnica que se introdujo en Europa después de las Cruzadas. Calzaban zapatos flexibles de cuero amarillo y de forma anatómica, atados a los tobillos con correas y botones. Los hombres tenían cabellos y barbas largos y rizados, y los nobles los espolvoreaban con polvo de oro. Los reyes adornaban su cabeza con tiaras y mitras. Otra prenda típica era el paño de barbilla, de hilo blanco, que se envolvía en la cabeza y el cuello. De la indumentaria femenina se conoce muy poco, pues las mujeres llevaban una vida de reclusión.
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Guerrero persa y mago o sacerdote.
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Parasol y abanico.
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Fragmento de un baldaquino real.
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Trono persa.
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Gorro real persa
Yelmo con yugulares y cubrenuca.
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Vasija para el agua sagrada y para el incienso.

Hasta el siglo XIII la vestimenta de los persas fue semejante a la que usaban en la época de su gran imperio. Su prenda característica era la túnica de lana o de seda, traída del Lejano Oriente, que, por lo general, les llegaba a los tobillos. Debajo de ella usaban prendas interiores, camisa y calzoncillos. Otra innovación eran las prendas cortadas y cosidas, con mangas aplicadas y gran amplitud en los puños. La túnica del monarca era de color púrpura, azul oscuro o blanca y el cinturón era tejido con hilos de oro. Las mujeres llevaban una vida recluida, por eso no se conocen muchos aspectos de su indumentaria. Por lo general, las damas nobles vestían una túnica talar y un amplio manto con adornos en los bordes. El calzado era de cuero flexible sujeto con cintas o cordones de cuero. Los soberanos o personajes principales, como los gobernadores o sátrapas, llevaban sobre su cabeza tiaras, mitras o sombreros altos de fieltro.
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Mujer de la nobleza.
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Calzado con largas cintas.
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Sátrapas.

Las mujeres persas

La mayor parte de la información acerca del papel de la mujer en la sociedad persa nos ha llegado a través de autores griegos, como es el caso de Herodoto, pero los datos aparecen distorsionados por el propio concepto de los griegos con respecto a las mujeres. En consecuencia, leyendo estas fuentes recibimos la impresión de que vivían ocultas tras un velo, prácticamente secuestradas y sin un papel relevante en la sociedad y el comercio. Sin embargo, contamos también con las tablillas descubiertas en Persépolis, datadas entre 509 y 438 a. C, y con documentos hallados en Susa, Babilonia y otras importantes ciudades de la antigua Mesopotamia, de todos los cuales se extrae una idea diferente a la reflejada por los autores griegos. El material registra transacciones financieras y, al ofrecer datos despojados de cualquier opinión subjetiva, resultan más fiables. 
Es cierto que la sociedad persa era patriarcal, y que los hombres ocupaban las posiciones dominantes en el gobierno, el comercio, el ejército y la familia, pero la posición de las mujeres no resultaba poco significativa, y eran tratadas con gran respeto. Las persas aportaban al matrimonio una dote que formaba parte de los bienes conyugales, pertenecientes a ambos cónyuges por igual.Cualquiera de ellos podía divorciarse, con o sin motivo, y en tal caso la dote era devuelta a la esposa. Existen registros que demuestran la existencia de mujeres que retenían propiedades aparte de la dote, posesiones que podían vender o comerciar con ellas sin que el esposo tuviera que intervenir. 

A la muerte de los padres, la herencia pasaba a los hijos, con una división a partes iguales y sin distinción de género. La viuda heredaba incluso aunque no hubiera tenido hijos. Estos podían ser entregados como garantía del pago de alguna deuda, pero estaba prohibido entregar como rehén a la mujer
Uno de los hallazgos más interesantes es el de un gran número de sellos en tumbas femeninas, y hay que tener en cuenta que en la antigüedad los sellos eran frecuentemente símbolos de poder y autoridad. Tal es el caso deIrdabama, que tenía su propio sello privado sin que se encuentre referencia alguna que la relacione con la familia real. Contaba con un personal a su servicio de cientos de trabajadores de ambos sexos, tanto adultos como niños, y los controlaba personalmente, al igual que otras mujeres mencionadas en diversos puntos del Imperio Aqueménida. 
Conocemos por estos registros los salarios que se pagaban a los trabajadores que llevaban a cabo alguna obra en Persépolis. Aparecen mencionados los nombres y los cargos, y nos encontramos con que, si bien algunas tareas se asocian a un determinado sexo (por ejemplo las tejedoras solían ser mujeres), la gama de ocupaciones en las que se empleaba mano de obra femenina era muy amplia: eran artesanas, trabajaban la madera y la piedra, elaboraban vino, muebles, eran empleadas del tesoro y realizaban muchos más trabajos. La mayoría de los negocios funcionaban con equipos en los que se mezclaban hombres y mujeres, y el jefe de estos equipos era a veces una mujer. Recibían diferentes títulos, seguramente según el nivel de responsabilidad o habilidad. El rango más alto que aparece en los textos referido a una mujer es el de arashshara (literalmente “gran jefa”). 

En cuanto a los salarios, los hombres percibían más paga por los trabajos no cualificados, como labores manuales; sin embargo, en los cualificados no había ninguna diferencia salarial. Además las mujeres cobraban una paga durante la baja por maternidad. Eso sí, se consideraba preferible tener un hijo varón. Si tal era el caso, tanto la madre como la partera y el médico recibían el doble que cuando nacía una niña. 
En el arte persa aparecen representadas abundantemente, excepto en templos y edificios públicos. Algunas están cubiertas por un velo, pero en muchos casos no es así. Un texto legal asirio que data del siglo XIII a. C. restringe su uso a las mujeres respetables, prohibiéndolo a las prostitutas y mujeres de clase humilde, aunque en las imágenes no parece que se siga ninguna norma clara: a veces aparecen mujeres incluso coronadas, pero no veladas. El velo podría ser en la antigua Persia algo que se llevaba en público de modo ocasional y que denotaba un cierto rango. 
Los documentos indican una diferencia de status reflejado en el tratamiento. Las mujeres del pueblo reciben el de mutu, mientras que las de la familia real son irti y duskis, dependiendo de cuál sea su relación con el rey. La madre se sitúa por encima de todas. A continuación está la reina, esposa principal o madre del heredero, seguida por las hijas y hermanas del rey. Todas gozaban de independencia económica, viajaban con su séquito, eran activas y emprendedoras y tenían su propia administración para manejar sus considerables fortunas. Además podían ostentar la regencia a la muerte del rey, durante la menor edad del heredero. Los ritos funerarios e inscripciones conmemorativas también reflejan el reconocimiento oficial de estas mujeres.Madamis, una mujer empleada en la corte, poseía tierras, lo que indica que dicha propiedad no estaba reservada a las mujeres de la familia real, sino que era algo relativamente común e indicativo del nivel de independencia y del reconocimiento de la mujer ante la ley. 

Se ha hallado un documento acerca de un “juez perteneciente a la Casa de Parisátida”, esposa de Darío II. Los persas tenían su propio sistema judicial en los territorios conquistados, y al parecer la reina disponía de un juez para examinar sus propios asuntos. Poseía muchos pueblos en Babilonia. Los habitantes eran súbditos libres, y no pertenecían a la reina como esclavos, pero tenían que pagar impuestos en forma de vino o productos agrícolas, ganados, etc. 
Las mujeres de la familia real daban fiestas suntuosas para las que se encargaban ingentes cantidades de carne, vino y otros productos, con o sin las órdenes selladas del rey. Participaban en festividades y banquetes además de organizar los suyos propios. 
Existía la poligamia y el concubinato, además de matrimonios entre parientes próximos, incluso hermanos, como una forma de mantener la riqueza dentro de la familia. Las concubinas eran denominadas simplemente “mujeres del rey”, aunque no era costumbre exclusiva de estos: los sátrapas y nobles persas también las tenían en sus palacios. No hay suficiente información acerca de su status, pero se sabe que contaban con asistentes personales. Algunas de ellas eran cautivas de origen extranjero, y se encuentran junto a otras mujeres de origen noble. Estaban presentes en los banquetes y en las cacerías reales. 

En Babilonia se han hallado 45 contratos matrimoniales, siempre entre el esposo y miembros de la familia de la novia y firmados por varios testigos. Comienzan con la petición de la mujer en matrimonio y los regalos que son ofrecidos a la novia y a su familia. Si el marido decide tomar una segunda esposa, debe darle a la primera una determinada suma de dinero, y ella puede regresar a su hogar. Pero en el caso de adulterio de la mujer, el castigo es normalmente la muerte.

Costumbres de los Persas



“Los persas son los hombres que más aceptan las costumbres extranjeras. Y, así, llevan el traje medo, por considerarlo más distinguido que el suyo propio, y para la guerra los petos egipcios. Además, cuando tienen noticia de cualquier tipo de placer, se entregan a él; por ejemplo, mantienen relaciones con muchachos, cosa que aprendieron de los griegos. Por otra parte, cada uno se casa con varias esposas legítimas y se procura, además, un número muy superior de concubinas. Entre ellos demuestra hombría de bien quien, además del valor en la guerra, puede demostrar muchos hijos; y al que puede mostrar más, el rey, todos los años, le envía regalos, pues consideran que el número hace la fuerza.
"Desde los 5 hasta los 20 años sólo enseñan a sus hijos tres cosas: a montar a caballo, a disparar el arco y a decir la verdad. Y hasta que un niño no tiene cinco años no comparece en presencia de su padre, sino que hace su vida con las mujeres. Esto se hace así con el fin de que, si muere durante su crianza, no cause a su padre pesar alguno. Apruebo, desde luego, esta costumbre, y apruebo también esta otra: por una sola falta ni el propio rey puede castigar a nadie con la muerte; y tampoco otra persona cualquiera puede, por una sola falta, infligir a ninguno de sus siervos la última pena; ahora bien, si tras considerar el caso llega a la conclusión de que los delitos del culpable son más numerosos y más importantes que sus servicios, entonces puede dar rienda suelta a su ira. 



"Cuentan que hasta la fecha nadie ha matado a su padre o a su madre, y pretenden que, en cuantas ocasiones anteriores ha tenido lugar algo semejante, una investigación descubriría indefectiblemente que los autores eran ilegítimos o adulterinos, pues sostienen que es realmente inadmisible que un padre verdadero muera a manos de su propio hijo.
"Por otra parte, de todo aquello que la ley les impide hacer, de esos temas también les impide hablar. Asimismo consideran que mentir constituye la mayor deshonra y, en segundo lugar, contraer deudas; y ello por varias razones, pero principalmente porque dicen que es inevitable que el que tiene deudas diga también mentiras.
"Si un ciudadano tiene lepra o albarazo, no puede entrar en una ciudad ni relacionarse con los demás persas; y aseguran que padece esas enfermedades por haber incurrido en algún delito contra el sol. Por su parte, a todo extranjero afectado por esos males lo echan del país; y muchos expulsan también a las palomas blancas alegando el mismo motivo. 
 
Cacería persa
No orinan ni escupen en los ríos; tampoco se lavan las manos en ellos, ni permiten que lo hagan otros; al contrario, tienen por ellos una especial veneración.”
Heródoto
Los persas no erigían templos y estatuas a los dioses, porque creían que estos no tenían naturaleza humana, de modo que les parecía una tontería hacer esas cosas. Celebraban los sacrificios en un lugar considerado puro, pero sin utilizar altares. Un sacerdote o mago disponía los trozos de carne sacrificada y cantaba un himno que hablaba del origen de los dioses.
El día que más celebraban los persas era el de su propio cumpleaños. Para ello se organizaba un banquete a base de carne de buey, caballo, camello o asno asados al horno. "En sus comidas usan de pocos manjares de sustancia, pero sí de muchos postres, y no muy buenos. Por eso suelen decir los persas que los griegos se levantan de la mesa con hambre". Acompañaban las comidas con un exceso de vino, pero por embriagados que terminasen no estaba permitido orinar o vomitar en público. "Después de bien bebidos, suelen deliberar acerca de los negocios de mayor importancia. Lo que entonces resuelven, lo propone otra vez el amo de la casa en que deliberaron, un día después; y si lo acordado les parece bien en ayunas, lo ponen en ejecución, y si no, lo revocan. También suelen volver a examinar cuando han bebido bien aquello mismo sobre lo cual han deliberado en estado de sobriedad”. 
Los persas se saludaban con un beso en la boca si pertenecían a la misma clase social y con uno en la mejilla si había una pequeña diferencia. Si ésta era grande, entonces el inferior hincaba la rodilla en tierra y besaba la mano del otro.
Los hombres de alto rango mantenían favoritos, como Bagoas, favorito de Darío III y que después fue eromenos de Alejandro. Contrariamente a la opinión de Herodoto de que habían adoptado de los griegos la costumbre de mantener relaciones con muchachos, Plutarco afirma que los persas usaben chicos eunucos para tal fin desde mucho antes de que hubiera un contacto entre ambas culturas.
No solían enterrar ni incinerar los cadáveres para no corromper la tierra ni el fuego. Se los dejaba para ser devorados por las alimañas y los buitres

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