viernes, 18 de abril de 2014

Indumentaria para la lucha. Gladiadores

Gladiadores y Gladiatrices

El combate de gladiadores en la Antigua Roma se originó como evento religioso, remontándose a las costumbres funerarias de los etruscos. Entre estos era tradición que un grupo de la milicia combatiera entre sí para honrar a algún difunto que había ostentado algún cargo importante.
Tito Livio escribió sobre los primeros combates de gladiadores conocidos, que tuvieron lugar en el 310 a. C. para simbolizar el éxito militar de los habitantes de la Campania sobre los samnitas. En Roma los primeros juegos de gladiadores(muneras) se celebraron en el 246 a. C., organizados por Marco y Décimo Bruto con ocasión de los funerales de su padre.
Este tipo de espectáculo evolucionó hasta convertirse en un rasgo distintivo de la cultura romana durante casi siete siglos. Los combates llegaron a emplear un enorme número de luchadores. En el año 65 a. C. Julio César organizó unos juegos en los que combatieron 320 pares de gladiadores en un anfiteatro de madera construido especialmente para la ocasión, pero la mayor competición jamás ofrecida corrió a cargo del emperador Trajano, como parte de las celebraciones por su victoria en Dacia y Arabia el año 107. En el espectáculo lucharon 5.000 parejas, y duró tres meses.
La palabra gladiador deriva de gladius, espada. Generalmente se trataba decriminales condenados, prisioneros de guerra o esclavos comprados a tal fin por un lanista o propietario de gladiadores, que solía ser a su vez un gladiador retirado. Ser lanista era una actividad lucrativa —Tiberio llegó a pagar enormes sumas por conseguir luchadores para sus espectáculos—, si bien dejó de serlo tanto en tiempos de Marco Aurelio, puesto que a partir de entonces el Estado obligó a proporcionar gladiadores a un precio fijo. 

Entre los combatientes había también profesionales, hombres libres que participaban voluntariamente en los combates. Aunque un hombre fuera de baja extracción social, al convertirse en gladiador a menudo encontraba popularidad y patrocinio por parte de romanos acaudalados. Pero no siempre se trataba de personas humildes, como demuestra el hecho de que el emperadorAugusto tuviera que preservar la pietas y virtud de los patricios romanos y del senado prohibiendo a sus miembros participar en los combates. Más tarde, sin embargo, Calígula y Nerón les ordenarían tomar parte.
Los ciudadanos romanos declarados infames se vendían ellos mismos a los lanistas para poder saldar sus deudas, y se los conocía como auctorati. A los condenados por algún delito grave, la ley Ad gladium los castigaba a luchar a muerte con los gladiadores. Estos criminales entraban en la arena desarmados, mientras que los delincuentes que no habían cometido un delito capital se entrenaban en las escuelas, llamadas ludi. El Estado acabó haciéndose cargo de estas escuelas, que al principio eran privadas, con el fin de impedir que un particular pudiera armar allí un ejército. Los centros eran dirigidos por un lanista y contaban con doctores y magistri, antiguos gladiadores que adiestraban ahora a los nuevos pupilos.
Los gladiadores se entrenaban como atletas, recibían atención médica y tres comidas al día. Su dieta era básicamente vegetariana, rica en proteínas y abundante en cebada y otras legumbres. Esto les permitía engordar y desarrollar una gran masa muscular, para lo cual se servían de todo tipo de instrumentos. Junto con los mejores cuidados médicos, se les procuraban masajes y baños. Había saunas de aguas termales que eran específicas para ellos. El entrenamiento, que consistía sobre todo en levantar pesos y practicar las técnicas de combate, era duro. Si el lanista o cualquiera de los maestros pensaban que el luchador no se esforzaba lo suficiente, se procedía al castigo.
Una escuela típica contaba, aparte del lanista, con el entrenador, los guardiasque se aseguraban de que el gladiador no escaparía, el contable que pagaba al personal, el médico, el armador que proporcionaba el equipo de combate y debía mantener las armas en buen uso y las espadas afiladas; el cocinero y elenterrador.
El gladiador llegaba a especializarse en técnicas de combate que pretendían la captura del enemigo más que matarlo con rapidez. Los delincuentes luchaban con las armas de su elección y podían ganar la libertad si resistían 5 años combatiendo. A pesar de que solo participaban en dos o tres combates al año, no era tan fácil sobrevivir a ese periodo.
Reciario
Los gladiadores se equipaban representando el papel en el que se especializaban (tracio, reciario, secutor…), muchos de ellos caracterizados como enemigos de Roma. No se les permitía utilizar armamento militar romano, y llevaban el estómago y otras partes vitales de su anatomía sin protección, aunque podían cubrirse brazos y piernas.
Cuando el Coliseo se inauguró, podía llenarse de agua, y los gladiadores libraban combates navales en pequeños navíos. Algunos testimonios afirman que también se traían cocodrilos e hipopótamos para que pelearan entre sí o atacaran a los gladiadores.
Se les pagaba cada vez que luchaban. Cuando uno resultaba herido, la muchedumbre gritaba “habet, hoc habet”. Aquel que se reconocía derrotado soltaba su escudo y levantaba su mano izquierda con un dedo extendido en demanda de clemencia. Entonces se detenía el combate y se dejaba la decisión acerca de su destino al munerarius, la persona que alquilaba los gladiadores al lanista y organizaba el espectáculo, o en su caso al emperador. El munerarius podía, con la influencia del público, conceder clemencia, disponer de las vidas o bien dar la libertad a uno de los luchadores o a ambos. Las decisiones se comunicaban mostrando el pulgar hacia arriba o hacia abajo, perosi se trataba de conceder la libertad, el munerarius bajaba a la arena y entregaba una espada de madera (rudis) al gladiador afortunado. Con ello señalaba que ya no era un esclavo, sino un hombre o mujer libre. El público podía solicitar la muerte del gladiador mediante el pulgar o también agitando un pañuelo, pero su petición no era necesariamente atendida. En caso de que se decidiera que debía morir, se le clavaba la espada costa por el cuello hasta el corazón.
La noche anterior a un combate los gladiadores comían en un banquete público (cena libera), al cual asistía el pueblo. La mañana siguiente comenzaba con un desfile en el anfiteatro, y continuaba con la venatio, es decir, espectáculos en los que intervenían animales. La ejecución de prisioneros condenados tenía lugar al mediodía, generalmente por parte de animales. Ese era también el momento en el que morían los cristianos que se negaban a hacer sacrificios a los dioses. Luego había un descanso para que los cadáveres pudieran ser retirados, y se esparcía arena fresca para el plato fuerte de la jornada: las peleas de gladiadores, que se ofrecían durante las horas de la tarde.
Para los ciudadanos romanos el espectáculo era gratuito, financiado por el propio emperador o por personajes acaudalados que deseaban ganar popularidad. El vencedor de un combate recibía un cuenco de oro, una corona o una moneda de oro, además de una palma, símbolo de victoria. Estos combates eran regulados por leyes, llamadas leges gladiatorae.
El gladiador prestaba un juramento que le obligaba a actuar como esclavo para su amo y a soportar las cadenas, los azotes o la muerte por la espada. Debían hacer aquello que ordenara el lanista, por lo que eran reconocidos por su lealtad, valor y disciplina. Los gladiadores podían alcanzar la consideración de héroes. Aunque su rango era apenas superior al de un esclavo, muchos ciudadanos romanos, patricios e incluso emperadores lucharon en la arena por amor al deporte. Cómodo se jactaba de haber librado más de mil combates.
Las mujeres idolatraban a los gladiadores, a veces para disgusto de sus cónyuges. Se decía que la madre de Cómodo, Faustina, mostraba una clara preferencia por el gladiador Marciano sobre su propio esposo. Y hay una inscripción en un muro de Pompeya que dice que el gladiador tracio Celadus era“suspirum et decus puellarum”, es decir, el suspiro y la gloria de las chicas.
Uno de los gladiadores más famosos fue Marco Valerio Hispánico, el ex general romano en el que se basa la película Gladiator. El verdadero vivió a finales del siglo II.
Hubo un tiempo en que también las mujeres competían en la arena, no sin controversia. Se sabe que el emperador Septimio Severo, que gobernó del 193 al 211, les permitía al principio luchar como gladiatrices, pero terminó prohibiéndolo en el año 200. Parece, sin embargo, que la prohibición no resultó eficaz, puesto que hay una inscripción en Ostia anunciando mujeres combatiendo.
Aquilea y Amazonia, dos gladiatrices representadas en un relieve de Halicarnaso
Las evidencias acerca de la existencia de gladiatrices se encuentran en edictos del gobierno y en textos de autores de la época. Por ejemplo en el año 11 un decreto del senado prohibía a las mujeres libres menores de 20 años aparecer en el escenario o en la arena. Según Tácito, a veces estas mujeres pertenecían a una clase social elevada: “Este año los espectáculos de gladiadores fueron tan magníficos como los de antaño. Sin embargo, muchas damas distinguidas y senadores se desgraciaron apareciendo en el anfiteatro”. Suetonio cuenta: “Domiciano presentó muchas diversiones extravagantes en el Coliseo y en el circo… espectáculos de gladiadores a la luz de las antorchas, en los que tomaban parte tanto hombres como mujeres”. Y un poema de Juvenal expresa su disgusto por las mujeres que practicaban ese deporte.  
La vida de estas mujeres era incluso más dura que la de los hombres. Vivían en cuartos como los de los esclavos, y, al igual que a los gladiadores, se las enseñaba a luchar con pesadas cadenas en torno a los tobillos, o con los ojos vendados, con una mano atada a la espalda o de rodillas. Pero algunas de ellas recibían adiestramiento de sus propios padres, gladiadores liberados.
Unos y otras entrenaban generalmente con armas de madera, puesto que proporcionar armas afiladas a los esclavos había resultado una imprudencia desde la famosa revuelta de Espartaco en el 73 a. C. Según las ilustraciones que han llegado hasta nosotros, podemos concluir que las mujeres luchaban a pecho descubierto y que pocas veces llevaban casco. Solían combatir al final de la jornada.
En Southwark, Londres, los arqueólogos hallaron los restos de una joven de unos 20 años enterrada con varios objetos que podrían identificarla como gladiatrix. Se trata de un plato decorado con un gladiador caído y otras piezas de cerámica con escenas similares y símbolos de gladiador. Tres de las ocho lámparas encontradas en la tumba están decoradas con el dios egipcioAnubis, asociado al dios romano mensajero Mercurio. La asociación es importante, porque eran dos esclavos, uno vestido como Mercurio y otro como Caronte, quienes retiraban los cadáveres de la arena. Caronte golpeaba el cadáver con un martillo mientras que Mercurio le aplicaba un hierro candente para asegurarse de que estaba muerto.
La riqueza de los materiales hallados junto a la mujer sugiere que era muy popular. Sus restos, los objetos con ella enterrados y un relieve de dos mujeres luchando con espadas cortas y escudos se exhiben en el Museo Británico. Para terminar, es cuestionable que la famosa frase “Ave Caesar, morituri te salutant” fuera asociada habitualmente a todos los combates de gladiadores. Es más probable que se tratara de una ocasión aislada, puesto que la única cita la encontramos en Suetonio (“Ave Imperator, morituri te salutant”, dirigiéndose a Claudio), y no procedía de los gladiadores, sino de los condenados a muerte que iban a participar en la naumaquia o combate naval para celebrar el drenaje del lago Fucino en el año 52.

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